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ISSN: 2960-8317
Vol. 3 N° 2, julio-diciembre 2024 (57-70)
57
Artículo de revisión
Importancia de la inteligencia emocional y el aprendizaje
colaborativo en el proceso de enseñanza-aprendizaje
Importance of emotional intelligence and collaborative learning in the teaching-
learning process
Edison Leonidas Troya Tapia*
Unidad Educativa “Rodrigo Barreno Cobo”.
Riobamba-Ecuador.
edison.troya@educacion.gob.ec
https://orcid.org/0009-0008-5597-1740
Piedad Georgina Medrano Cabrera
Unidad Educativa “Pedro Vicente
Maldonado.
Riobamba-Ecuador.
piedadmedrano@colegiomaldonado.edu.ec
https://orcid.org/0009-0003-4083-2821
Dina Lucia Chicaiza Sinchi
Universidad Nacional de Chimborazo.
Riobamba-Ecuador.
dina.chicaiza@unach.edu.ec
https://orcid.org/0000-0003-3552-1300
Luis Henrry Gusqui Cayo
Profesional Independiente.
Riobamba-Ecuador.
henrycayo726@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-7460-5825
*Correspondencia:
edison.troya@educacion.gob.ec
Cómo citar este artículo:
Troya, E., Medrano, P., Chicaiza, D., &
Gusqui, L. (2024).
Importancia de la
inteligencia emocional y el aprendizaje
colaborativo en el proceso de enseñanza-
aprendizaje. Esprint Investigación, 3(2), 57-70.
https://doi.org/10.61347/ei.v3i2.75
Recibido: 1 de noviembre de 2024
Aceptado: 2 de diciembre de 2024
Publicado: 8 de diciembre de 2024
Resumen: La inteligencia emocional (IE) se concibe como un componente vital en la
educación moderna, especialmente en el aprendizaje cooperativo (AC). Este estudio
aborda la relevancia de la IE en el entorno educativo, enfocándose en cómo su
integración mejora el proceso de enseñanza-aprendizaje. El problema identificado es la
falta de desarrollo y aplicación efectiva de la IE en los sistemas educativos, lo cual limita
la participación plena en actividades cooperativas y afecta negativamente el rendimiento
académico y el clima escolar. El objetivo del estudio es analizar la importancia de la IE y
el AC en el aprendizaje, identificando las competencias emocionales y sociales que se
desarrollan mediante estas estrategias. La metodología utilizada es una revisión
sistemática de la literatura siguiendo el modelo PRISMA, que permite un análisis
riguroso de la relación entre IE y AC. Los resultados muestran que la IE está fuertemente
vinculada al éxito en el AC, con una alta correlación entre competencias emocionales,
como la autoconciencia, la autorregulación y el rendimiento académico. Además, el AC
facilita el desarrollo de habilidades sociales esenciales para la vida profesional. En
conclusión, integrar la IE en el contexto educativo mediante metodologías como el AC
es decisivo para mejorar tanto el rendimiento académico como el bienestar emocional de
los estudiantes. Sin embargo, se requiere más investigación para optimizar su
implementación en la educación superior, asegurando un aprendizaje integral y
preparando a los estudiantes para desafíos futuros.
Palabras clave: Aprendizaje colaborativo, educación, enseñanza-aprendizaje,
inteligencia emocional.
Abstract: Emotional intelligence (EI) is a vital component in modern education, particularly in
cooperative learning (CL). This study addresses the relevance of EI in the educational
environment, focusing on how its integration enhances the teaching-learning process. The
identified problem is the lack of effective development and application of EI in educational systems,
which limits full participation in cooperative activities and negatively impacts academic
performance and the school climate. The study's objective is to analyze the importance of EI and
CL in learning, identifying the emotional and social competencies developed through these
strategies. The methodology used is a systematic literature review following the PRISMA model,
allowing for a rigorous analysis of the relationship between EI and CL. The results show that EI
is strongly linked to success in CL, with a high correlation between emotional competencies, such
as self-awareness and self-regulation, and academic performance. Additionally, CL facilitates the
development of social skills essential for professional life. In conclusion, integrating EI into the
educational context through methodologies like CL is crucial for improving both academic
performance and students' emotional well-being. However, further research is needed to optimize
its implementation in higher education, ensuring holistic learning and preparing students for
future challenges.
Keywords: Cooperative learning, education, emotional intelligence, teaching-learning.
Copyright: Derechos de autor 2024 Edison
Leonidas Troya Tapia, Piedad Georgina
Medrano Cabrera, Dina Lucia Chicaiza
Sinchi, Luis Henrry Gusqui Cayo.
Esta obra está bajo una licencia internacional
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NoComercial 4.0.
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1. Introducción
La inteligencia emocional (IE), reconocida como un elemento esencial en la educación moderna, es
particularmente relevante en el aprendizaje cooperativo (AC). La habilidad de los estudiantes para
gestionar sus emociones, comprender las de los demás y colaborar efectivamente es clave para su éxito
académico y personal. Sin embargo, la falta de desarrollo y aplicación efectiva de esta inteligencia en
los sistemas educativos es un desafío global que afecta tanto el rendimiento académico como el clima
escolar, limitando la plena participación en actividades cooperativas. Abordar esta carencia resulta
notable para fomentar un ambiente de aprendizaje equitativo y productivo, donde la combinación de
aspectos emocionales y cognitivos forme individuos creativos y autodirigidos, capaces de generar
nuevas ideas y aplicar sus conocimientos en diversas situaciones.
Las emociones no solo influyen en la estabilidad personal, sino que promueven el aprendizaje a
través del desarrollo de la afectividad y la comprensión cognitiva del propio proceso; resultan
fundamentales en una educación significativa e integral, donde los estudiantes no solo adquieren
conocimientos, sino que desarrollan una comprensión profunda y holística de sí mismos y del mundo
que los rodea, lo que en última instancia enriquece su capacidad para aprender de manera efectiva y
duradera (Blanco & Pastor, 2022).
Bisquerra (2012) define a la emoción como una respuesta compleja del organismo ante los estímulos
que una persona recibe constantemente. Esta complejidad radica en que involucra varios aspectos al
mismo tiempo, como los neurofisiológicos, conductuales y cognitivos. Por otro lado, Machorro-Cabello
y Fuentes (2019) describen la IE como la capacidad de una persona para reconocer sus propias
emociones y las de los demás, y así poder regularlas de manera adecuada.
Siguiendo la misma línea, Gerbeth et al. (2022) destacan que la IE no solo se limita a la capacidad
de identificar y expresar emociones, sino que también abarca una comprensión profunda de las
mismas, lo que permite manejarlas de manera efectiva en diversas situaciones. Además, subrayan la
importancia de utilizar estas emociones de forma constructiva, facilitando así la toma de decisiones y
mejorando las relaciones interpersonales.
Asimismo, Fernández-Gavira et al. (2021) sostienen que la IE involucra un conjunto integral de
capacidades, habilidades, conocimientos y actitudes que permiten a una persona reconocer y gestionar
sus emociones de manera efectiva en relación con su entorno; esta habilidad no solo mejora la
comprensión de los estados mentales y la anticipación de los comportamientos propios y ajenos, sino
que juega un papel significativo en la resolución de conflictos y en la construcción de relaciones
saludables.
Lo señalado en los apartados anteriores resulta particularmente relevante si el objetivo de los
docentes es promover un aprendizaje significativo dentro del marco del AC. En este contexto, debe
reconocerse la influencia de las emociones en los participantes del proceso de enseñanza-aprendizaje,
ya que tanto las emociones de los estudiantes como las de los docentes se ponen en juego durante cada
sesión de clase, pues afectan la dinámica del grupo y la efectividad del aprendizaje colaborativo,
subrayando la necesidad de una gestión emocional consciente para alcanzar los objetivos educativos
(Machorro-Cabello & Fuentes, 2019).
El AC es tanto una estrategia como una metodología innovadora que fomenta activamente la
participación de los estudiantes, basada en la ayuda mutua bajo la guía directa del profesor, se
convierte en un enfoque pedagógico en el que el aprendizaje es de todos y para todos, permitiendo el
desarrollo de la enseñanza a través del trabajo en pequeños grupos (Torres-Silva & Díaz-Ferrer, 2021).
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En este mismo contexto, Zurita (2020) menciona que el AC es una metodología que no solo facilita
el trabajo en grupo, sino que fortalece las relaciones interpersonales; mediante actividades
colaborativas se promueve la socialización, la cooperación entre los miembros y se erradica el
individualismo, al tiempo que se refuerzan valores como la solidaridad, el respeto y el apoyo mutuo.
Las metas en el AC son estrictamente grupales, lo que significa que el éxito depende de cada uno de
los miembros del grupo, este enfoque fomenta el intercambio de ideas, posturas e información, lo que
a su vez genera interacción y confrontación de puntos de vista en torno a una misma tarea.
Estrada et al. (2016) señalan que el AC se define, en esencia, como una metodología activa en la que
los estudiantes trabajan en pequeños grupos para optimizar su aprendizaje. Este enfoque no solo
mejora el desarrollo de habilidades sociales, sino que facilita el crecimiento de habilidades
socioemocionales y cognitivas en los estudiantes. A través de la implementación de estrategias de AC
se espera que los estudiantes desarrollen estas habilidades de manera significativa y efectiva.
En ese sentido, Boix y Ortega (2020) afirman que el AC es un modelo pedagógico que, a través de
un enfoque didáctico adecuado, facilita y fortalece la interacción y la interdependencia positiva entre
los estudiantes. Este enfoque promueve un ambiente de respeto, disciplina, responsabilidad y aprecio
mutuo dentro del grupo de trabajo. Por su parte, Izquierdo et al. (2019) sostienen que las personas que
son capaces de trabajar de manera cooperativa no solo muestran una actitud positiva hacia los demás,
sino que comprenden que el aprendizaje es un proceso continuo que se enriquece a través de la
colaboración con otros.
En tanto, Erazo-Moreno et al. (2023) destacan una relación directa y significativa entre las
competencias emocionales y el AC. Los autores postulan que la IE, la autoconciencia, la
autorregulación, la motivación, la empatía y las destrezas sociales están fuertemente vinculadas con el
AC. Así también, señalan que el desarrollo de estas competencias no solo facilita la colaboración y la
resolución de conflictos dentro del grupo, sino que mejora el rendimiento académico y el bienestar
emocional de los estudiantes.
Por su parte, Machorro-Cabello y Fuentes (2019) subrayan la importancia de reflexionar sobre la
necesidad de cultivar la IE y proporcionar educación emocional a los estudiantes, esencial para generar
emociones positivas que los motiven a aprender, conocerse y confiar en sí mismos, identificar sus
capacidades y habilidades, y respetar tanto a las personas como al medio ambiente.
De manera similar, Koç et al. (2024) destacan que la cooperación entre la IE y las actividades sociales
es fundamental para el desarrollo de habilidades emocionales y sociales, la transformación positiva de
la cultura escolar, y la promoción de la sostenibilidad en la educación; esto sugiere la necesidad de
desarrollar programas y políticas educativas que respalden esta cooperación para alcanzar los
objetivos de desarrollo sostenible.
En el mismo sentido, Fernández-Pérez y Martín-Rojas (2022) arrojan luz sobre la creciente
importancia de la IE en los programas educativos; su estudio analiza cómo diferentes competencias
emocionales, como el autoconocimiento, la autorregulación, la motivación, la empatía, el liderazgo y
las habilidades sociales influyen en el rendimiento académico de los estudiantes, y examina el papel
moderador del AC en esta relación. En un entorno de AC, estas competencias, junto con la empatía y
las habilidades sociales, se relacionan más estrechamente con el rendimiento académico.
En la misma línea, Mira-Galvañ y Gilar-Cobi (2021) indican que el AC ofrece una excelente
oportunidad para practicar y fortalecer habilidades socioemocionales, ya que promueve las
interacciones sociales entre los estudiantes, la organización, la cooperación y el clima positivo. La
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participación y la IE resultan aspectos claves que se desarrollan a través de este enfoque, la
implementación del AC no solo mejora el clima en el aula y fomenta la formación en IE, sino que
potencia las competencias cooperativas entre los estudiantes, al permitir un entorno de aprendizaje
más positivo y colaborativo.
A pesar de la creciente relevancia de la IE en el AC, todavía se enfrentan desafíos y limitaciones en
su implementación dentro del ámbito educativo. Aunque la integración de estas competencias es
esencial para el desarrollo integral de los estudiantes, las investigaciones que analicen y sistematicen
su aplicación en la educación superior son aún limitadas. Por lo tanto, debe profundizarse en el
entendimiento de cómo la IE se utiliza en entornos universitarios y evaluar su impacto en el AC. El
objetivo de esta investigación es analizar la importancia de la IE y el AC en el proceso de enseñanza-
aprendizaje, mediante la identificación de las competencias emocionales y sociales que se desarrollan
mediante estas estrategias educativas.
2. Metodología
La metodología empleada para la revisión sistemática de la literatura fue Preferred Reporting Items
for Systematic Reviews and Meta-Analyses (PRISMA), ampliamente utilizada en revisiones
sistemáticas y metaanálisis, y valorada por su enfoque riguroso y transparente, lo que la ha convertido
en un estándar en la literatura científica de alta calidad. Moher et al. (2009) destacan su importancia en
la mejora de la consistencia y la calidad de los reportes en revisiones sistemáticas, lo que ha llevado a
su adopción generalizada en numerosas disciplinas. Esta metodología ha sido ampliamente
incorporada por diversas revistas científicas, acumulando más de 60 000 citas en Scopus.
a) Preguntas de investigación
¿Cuál es la importancia de la IE y el AC en el proceso de enseñanza-aprendizaje?
¿Cuáles son las competencias emocionales y sociales que se desarrollan mediante la IE y el
AC en el proceso de enseñanza-aprendizaje?
b) Fuentes de información y estrategia de búsqueda
La búsqueda de información se realizó de manera electrónica, utilizando la base de datos científica
de alto impacto Scopus. La estrategia de búsqueda se organizó en dos bloques principales: uno
centrado en la Inteligencia Emocional y otro en el Aprendizaje Cooperativo. Dado que la mayoría del
contenido publicado está en inglés, se incorporaron términos en ese idioma en la cadena de búsqueda,
aplicándolos en los títulos y utilizando conectores booleanos como AND y OR. Los términos
específicos y la sintaxis utilizada se detallan en la Tabla 1.
Tabla 1
Sintaxis de búsqueda
Cadena de búsqueda
( TITLE-ABS-KEY ( "emotional intelligence" ) AND TITLE-ABS-KEY ( "cooperative learning" OR "social
activity" ) )
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Criterios de inclusión y exclusión
La cadena de búsqueda empleada produjo un volumen considerable de documentos; no obstante, se
realizó una depuración para eliminar los estudios que no cumplían con los criterios de inclusión,
descartando aquellos que correspondían a los criterios de exclusión descritos en la Tabla 2. Este proceso
permitió afinar los resultados y obtener un conjunto de datos más relevante y manejable para la
revisión sistetica de la literatura.
Tabla 2
Criterios de inclusión y exclusión
Criterios de inclusión Criterios de exclusión
Se incluyen todos los estudios a la fecha
15/08/2024.
Los que no respondan a la pregunta de investigación.
Exista informe de erratas o carta de retracción.
Artículos que no se relacionen con la IE y su importancia
en el AC.
Estudios que presentaron conflictos de interés.
Proceso de selección y extracción de datos
Después de aplicar la sintaxis de búsqueda en la base de datos Scopus, se identificaron 48 estudios
candidatos. Tras depurar los datos, se obtuvieron 47 estudios únicos, lo que representa el 98 % del total
inicial. Estos 47 estudios fueron seleccionados tras revisar el título, el resumen y las palabras clave. De
los estudios seleccionados, se descargaron en su totalidad 12, lo que equivale al 25 % de los candidatos.
Finalmente, después de una revisión completa del texto, se concluyó con un conjunto de 12 estudios
primarios.
Figura 1
Diagrama de Flujo PRISMA del proceso de selección de estudios
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Después de seleccionar los estudios primarios se extrajo la información mediante una matriz
diseñada en Microsoft Excel, que incluyó detalles como el título del estudio, el año, DOI, enlace,
resumen, palabras clave proporcionadas por el autor, palabras clave del índice y el tipo de documento.
También se incorporaron variables relacionadas con las preguntas de investigación, como la
importancia de la IE y el AC en el proceso de enseñanza-aprendizaje y las competencias emocionales
y sociales que se desarrollan. Este enfoque permitió organizar y sistematizar la información de manera
eficiente, facilitando un análisis coherente que contribuyera a responder integralmente la pregunta de
investigación en la revisión sistemática de la literatura (SLR).
Riesgo de sesgo
Para la selección de estudios se llevó a cabo una revisión conjunta por parte de los autores, donde las
decisiones sobre la inclusión o exclusión de estudios se tomaron de forma consensuada. Además, se
revisaron los artículos para garantizar que no contuvieran cartas de retractación, erratas o conflictos
de interés, y que la información presentada fuera clara. Se verificó también que la metodología
cumpliera con los criterios mínimos requeridos para un artículo de investigación, asegurando un
enfoque claro, un procedimiento adecuado y, cuando correspondía, un análisis estadístico apropiado,
teniendo en cuenta que algunos estudios podían ser cualitativos.
3. Resultados
RQ1: ¿Cuál es la importancia de la IE y el AC en el proceso de enseñanza-aprendizaje?
La importancia de la IE y el AC en el proceso de enseñanza-aprendizaje radica en su capacidad para
fomentar el desarrollo integral de los estudiantes, tanto a nivel emocional como social. Según Koç et
al. (2024), la cooperación entre la IE y las actividades sociales en el ámbito educativo contribuye de
manera significativa al fortalecimiento de las habilidades emocionales y sociales de los estudiantes, así
como a la transformación positiva de la cultura escolar. Dicha sinergia no solo facilita la adquisicn
de valores, sino que permite que los estudiantes se adapten y contribuyan activamente a la creación de
una cultura escolar más inclusiva y respetuosa.
Los resultados de la investigación de Koç et al. (2024) subrayan que las actividades sociales
desempeñan un papel crucial en la adquisición de valores y en la creación de una cultura escolar sólida;
los estudiantes que participan con mayor frecuencia en estas actividades desarrollan niveles más altos
de sensibilidad emocional y social, lo que a su vez les permite integrarse mejor en la comunidad
escolar. Además, estas actividades promueven la transferencia de valores mediante aprendizajes
afectivos y kinestésicos, lo que refuerza su capacidad para crear y adaptarse a entornos educativos
cambiantes y diversos.
Lozano et al. (2022) recalcan que metodologías activas como el AC no solo fomentan el desarrollo
cognitivo de los estudiantes, sino que potencian su crecimiento emocional. La implementación del AC
en el aula secundaria mejora la gestión de emociones, como el miedo, y promueve el desarrollo de
emociones morales, lo cual tiene un impacto directo en el aprendizaje. Este enfoque motiva un sentido
de pertenencia al grupo y la capacidad de autogestión entre compañeros, lo que genera emociones
positivas como la felicidad y la satisfacción. La mayoría de los estudiantes se sienten más seguros,
capaces de regular sus emociones y de participar activamente en el proyecto, lo que refuerza la
importancia de la IE en el contexto del aprendizaje colaborativo; estas emociones positivas no solo
facilitan un ambiente de aprendizaje más agradable, sino que mejoran la experiencia educativa en
general.
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Fernandez-Perez y Martin-Rojas (2022) enfatizan en la importancia del trabajo colaborativo y la IE
en el proceso de enseñanza-aprendizaje, pues estos elementos son fundamentales para el desarrollo de
competencias académicas y sociales en los estudiantes. El trabajo colaborativo no solo fomenta una
variedad de efectos positivos en el comportamiento académico y social, sino que potencia el
rendimiento general, tanto en el ámbito educativo como en el no académico. Por otro lado, las
emociones de los estudiantes juegan un papel crucial en su bienestar, niveles de enera y creatividad;
aquellos con alta IE gestionan eficazmente tanto su entorno interno como externo, siguen un
cronograma de estudio y revisión bien estructurado, clarifican sus objetivos, determinan el esfuerzo
necesario para alcanzarlos, y saben cuándo y a quién pedir ayuda, factores que, en última instancia,
contribuyen a un mayor éxito académico.
Según Urrutia-Gutierrez et al. (2022), la cooperación en entornos educativos potencia la IE,
mejorando la claridad y reparación emocional, lo cual resulta decisivo para el éxito tanto personal
como profesional. Este enfoque es especialmente eficaz en contextos como la educación física, donde
las dinámicas grupales fortalecen las habilidades emocionales. Por otro lado, Mira-Galvañ y Gilar-Cobi
(2021) subrayan que la IE, cuando se desarrolla en un clima escolar positivo a través del AC, mejora
las relaciones sociales y disminuye las conductas disruptivas, favoreciendo un bienestar psicológico y
académico. Torrego-Seijo et al. (2021) acentúan que el AC no solo refuerza el rendimiento académico,
sino que reduce problemas como el acoso escolar, incrementa la empatía y el comportamiento
prosocial, preparando a los estudiantes para enfrentar los desafíos del mercado laboral y de la vida en
general.
La IE y el AC juegan un papel fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Como destacan
Sánchez-Molina et al. (2021), Rivera-Pérez et al. (2021) y Obukhova & Borokhovski (2023), el AC, al
fomentar la interdependencia positiva, la interacción promotora y la colaboración entre los estudiantes,
se integra de manera efectiva con la IE, lo que enriquece la experiencia educativa al desarrollar tanto
habilidades académicas como socioemocionales. Sánchez-Molina et al. (2021) subrayan que esta
relación es esencial para el desarrollo integral del alumno, al incluir aspectos emocionales y sociales.
Para Suh (2019) la IE actúa como un mediador crucial entre la creatividad y la competencia social,
pues fomenta la actividad social, la autonomía y el liderazgo en los niños pequeños. De manera similar,
Ilyas et al. (2018) señalan que la IE facilita la gestión de emociones y mejora las interacciones sociales
en un entorno cooperativo, lo que conduce a un aprendizaje más profundo y significativo. Por otro
lado, Romero-Ternero (2013) enfatiza en que el AC desarrolla competencias transversales como la
empatía y la reflexión crítica, vitales para el crecimiento personal e intelectual. En conjunto, estos
autores resaltan que la integración de la IE y el AC no solo mejora la competencia social, sino que
enriquece el proceso educativo, preparando a los estudiantes para enfrentar con éxito los desafíos del
entorno académico y social.
RQ2. ¿Cuáles son las competencias emocionales y sociales que se desarrollan mediante la IE y el
AC en el proceso de enseñanza-aprendizaje?
En la Tabla 3 se identifican las competencias emocionales y sociales desarrolladas en los diversos
estudios, revelando una profunda interrelación entre ambas áreas. Las competencias emocionales,
como el reconocimiento, la autorregulación y la gestión de emociones, son fundamentales para la
estabilidad personal y el éxito en las interacciones sociales (Fernandez-Perez & Martin-Rojas, 2022).
Estas competencias permiten a los individuos manejar sus emociones de manera efectiva, lo que se
traduce en una mayor claridad emocional, creatividad y autocontrol.
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Por otro lado, competencias sociales como la comunicación efectiva, el trabajo en equipo, el
liderazgo y la resolución de conflictos, dependen en gran medida de una sólida base emocional. Las
habilidades sociales permiten a los individuos integrarse en grupos, colaborar con otros y manejar
situaciones interpersonales de manera exitosa.
El análisis destaca la complementariedad entre ambas competencias. Las personas emocionalmente
competentes tienden a mostrar habilidades sociales más desarrolladas, como la empatía, la asertividad
y la capacidad de escucha. De manera inversa, aquellas con competencias sociales sólidas suelen ser
s eficaces en la regulación de sus emociones, ya que las interacciones positivas refuerzan su
bienestar emocional.
En el ámbito educativo, el desarrollo de estas competencias se vuelve indispensable para el éxito
académico y la preparación de los estudiantes para su futura vida profesional y personal. La enseñanza
de la autorregulación, la autoconciencia y la empatía facilita una mejor interacción con sus compañeros
y mejora el rendimiento en actividades grupales.
Tabla 3
Competencias emocionales y sociales
Estudio Autores Competencias emocionales Competencias sociales
1 (Koç et al., 2024)
-Reconocimiento de las emociones
propias y ajenas.
-Comprensión de las emociones.
-Gestión de las emociones.
- Empatía.
-Comunicación efectiva.
-Cooperación y trabajo en equipo.
2
(Lozano et al.,
2022)
-Desarrollo de habilidades
personales.
-Autocomprensión emocional.
-Habilidades interpersonales y de
interdependencia.
-Compromiso con la responsabilidad
individual y grupal en el proceso de
aprendizaje.
-Respetarse entre sí y estar cómodos
con sus compañeros.
3
(Fernandez-Perez
& Martin-Rojas,
2022).
-Autoconciencia.
-Autorregulación.
-Empatía.
- Autorregulación conductual.
- Habilidades de colaboración.
- Habilidades de liderazgo.
- Comunicación.
- Manejo de conflictos.
4
(Urrutia-Gutierrez
et al., 2022)
- Claridad emocional.
- Reparación emocional.
- Empatía.
- Habilidades sociales.
- Habilidades de cooperación.
- Generosidad.
- Comportamiento prosocial.
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5
(Mira-Galvañ &
Gilar-Cobi, 2021)
-Capacidad para evaluar sus
propias emociones y discernir entre
lo vivido y lo verdadero.
-Capacidad de identificar y nombrar
sus propias emociones.
-Capacidad para establecer una
relación entre las emociones y las
situaciones que las generan.
-Desarrollo de estrategias para lidiar
con emociones desagradables.
-Actitud proactiva para buscar
actividades y estrategias que
proporcionen calma y energía.
-Capacidad para regular la
intensidad de las emociones y
reducir la impulsividad.
-Capacidad de identificar y nombrar
las emociones de las personas que los
rodean.
-Capacidad de escucha activa.
-Capacidad de trabajar en grupo,
asumiendo responsabilidades
individuales.
-Capacidad para aplicar estrategias
positivas y constructivas para
resolver conflictos.
-Capacidad para reconocer y respetar
las normas de convivencia del centro
y del aula.
6
(Torrego-Seijo et
al., 2021)
-Pensamiento crítico.
-Autonomía e independencia.
-Motivación para el aprendizaje.
-Trabajo en equipo.
-Liderazgo.
-Toma de decisiones.
-Comunicación efectiva.
-Habilidades de negociación.
7
(Sánchez-Molina et
al., 2021)
-Empatía.
-Asertividad.
-Autonomía.
-Creatividad.
-Reconocer, entender y gestionar las
propias emociones y las de los
demás.
-Interdependencia positiva.
-Interacción promotora.
-Capacidad de interactuar y
comunicarse efectivamente con los
demás.
8
(Rivera-Pérez et
al., 2021)
-Metas de autoenfoque.
-Control y regulación emocional.
-Capacidades de escuchar y
compartir ideas.
-Capacidad de dar y recibir
retroalimentación
-Capacidad de animarse
mutuamente.
9
(Obukhova &
Borokhovski, 2023)
-Autorregulación emocional.
-Control de las emociones.
-Autodeterminación.
-Habilidades de interacción.
10 (Suh, 2019)
-Capacidad de control emocional.
-Autoconciencia y autoestima.
-Liderazgo.
-Autonomía y participación social.
-Comprensión interpersonal.
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4. Conclusiones
Los estudios seleccionados destacan que la IE deviene fundamental en el proceso de enseñanza-
aprendizaje, especialmente cuando se implementan metodologías como el AC. Según Bisquerra (2012)
y Machorro-Cabello & Fuentes (2019), la IE implica no solo la capacidad de identificar y gestionar las
emociones propias y ajenas, sino también su aplicación en la toma de decisiones y la mejora de las
relaciones interpersonales. En este contexto, la investigación realizada por Erazo-Moreno et al. (2023)
muestra una alta correlación entre competencias emocionales como la autoconciencia y la
autorregulación, y el éxito en el AC, subrayando que estas habilidades son cruciales para el
rendimiento académico y el bienestar emocional de los estudiantes.
Este marco se complementa con estudios recientes como el de MacCann et al. (2020), que
encontraron que la IE es un predictor significativo del rendimiento académico. Este estudio sugiere
que los estudiantes con mayores habilidades emocionales manejan mejor el estrés y la ansiedad,
especialmente en situaciones académicas exigentes. Este hallazgo respalda las afirmaciones de Erazo-
Moreno et al. (2023) y extiende la relevancia de la IE más allá de la interacción social en entornos
colaborativos, enfatizando su impacto directo en el rendimiento académico individual.
Además, los estudios seleccionados destacan la importancia de la gestión emocional en el aula,
señalando que un clima emocional positivo facilita la cooperación y mejora los resultados educativos
(Torres-Silva & Díaz-Ferrer, 2021; Fernández-Pérez & Martín-Rojas, 2022). Este enfoque es apoyado
por Durlak et al. (2011), quienes demuestran que los programas de AC que incluyen componentes de
aprendizaje socioemocional mejoran significativamente tanto las habilidades sociales como el
rendimiento académico. Este estudio refuerza la necesidad de integrar el SEL en las metodologías
colaborativas, lo cual coincide con los planteamientos de Fernández-Pérez & Martín-Rojas (2022) sobre
la importancia de las competencias emocionales en la mejora del AC.
Por otro lado, el estudio longitudinal de Qualter et al. (2012) sugiere que las competencias
emocionales desarrolladas a través del AC no solo benefician el rendimiento académico inmediato,
sino que proporcionan ventajas a largo plazo, como un mayor bienestar general y éxito en la vida
adulta. Este hallazgo amplía el alcance de la discusión al resaltar que la IE no solo es relevante durante
la etapa educativa, sino que tiene un impacto duradero en la vida de los estudiantes, lo cual no se
aborda de manera explícita en los estudios seleccionados, pero es determinante para entender el valor
a largo plazo de fomentar la IE en la educación.
11 (Ilyas et al., 2018)
- Confianza.
-Tenacidad.
-Empatía.
-Concentración.
-Satisfacción.
- Responsabilidad.
-Habilidad en la comunicación.
12
(Romero-Ternero,
2013)
-Empatía.
-Reflexión crítica.
-Autoevaluación.
-Gestión del tiempo.
-Expresión oral.
-Capacidad de compartir y enseñar
conocimientos a otros.
-Coordinación y trabajo en equipo.
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Finalmente, el documento original no explora en profundidad el impacto de la diversidad cultural
en el AC y la IE, un aspecto que Kai et al. (2021) consideran crítico. Su estudio revela que la IE es
esencial para mejorar la colaboración y la comunicación en equipos multiculturales, donde los desafíos
culturales pueden dificultar la cooperación. Este hallazgo subraya la importancia de integrar la IE
como una herramienta clave en programas educativos diseñados para contextos globalizados y
diversos.
La IE y el AC son componentes cruciales en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que no solo
fomentan el desarrollo de habilidades académicas, sino de competencias emocionales y sociales. La
integración de la IE en contextos educativos, especialmente a través de metodologías como el AC,
potencia la capacidad de los estudiantes para manejar sus emociones, colaborar efectivamente y
resolver conflictos, lo que a su vez mejora su rendimiento académico y bienestar emocional. Los
estudios revisados demuestran que el desarrollo de competencias emocionales como la autoconciencia
y la autorregulación está altamente correlacionado con el éxito en el AC. Asimismo, la IE es un
predictor significativo del rendimiento académico, lo que sugiere que los estudiantes emocionalmente
competentes son capaces de manejar mejor el estrés y la ansiedad.
A pesar de estos beneficios,n existen desafíos en la implementación efectiva de la IE y el AC en
el ámbito educativo, especialmente en la educación superior. Es necesario continuar investigando y
desarrollando programas educativos que integren estas competencias para preparar a los estudiantes
no solo para el éxito académico, sino para enfrentar los desafíos de la vida profesional y personal. La
IE y el AC no solo mejoran el aprendizaje inmediato, sino que proporcionan ventajas a largo plazo,
como un mayor bienestar y éxito en la vida adulta.
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Transparencia
Conflicto de interés
Los autores declaran que no existen conflictos de interés que influyan en la objetividad de este estudio.
Fuente de financiamiento
No se recibieron fondos financieros de ninguna organización que pudiera tener interés en los
resultados presentados.
Contribución de autoría
Edison Leonidas Troya Tapia: Conceptualización, metodología, software, validación, análisis formal,
investigación, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción - revisión y
edición, financiamiento, administración del proyecto, recursos, supervisión.
Piedad Georgina Medrano Cabrera: Conceptualización, metodología, validación, análisis formal,
investigación, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción - revisión y
edición, financiamiento, administración del proyecto, recursos, supervisión.
Dina Lucia Chicaiza Sinchi: Conceptualización, software, validación, análisis formal, investigación,
gestión de datos, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción - revisión y
edición, financiamiento, recursos.
Luis Henrry Gusqui Cayo: Conceptualización, metodología, software, validación, análisis formal,
investigación, gestión de datos, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción
- revisión y edición, financiamiento, recursos.
Los autores contribuyeron activamente en el análisis de los resultados, revisión y aprobación del
manuscrito final.