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Salud y Ciencias de la Vida
ISSN: 2960-8317
296
Artículo de revisión
Biomarcadores urinarios y sanguíneos como herramientas
diagnósticas en porfiria
Urinary and blood biomarkers as diagnostic tools in porphyria
Kevin Oswaldo Amagua Jines*
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
kevin.amagua@unach.edu.ec
https://orcid.org/0009-0002-4417-5104
Eliana Elizabeth Martínez Durán
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
elianamartinez@unach.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-1694-3826
*Correspondencia:
kevin.amagua@unach.edu.ec
Cómo citar este artículo:
Amagua, K., & Martínez, E. (2026).
Biomarcadores urinarios y sanguíneos
como herramientas diagnósticas en porfiria.
Esprint Investigación, 5(Esp.2), 296-313.
https://doi.org/10.61347/ei.v5iEsp.2.403
Recibido: 21 de septiembre de 2026
Aceptado: 22 de octubre de 2026
Publicado: 28 de octubre de 2026
Resumen: Las porfirias hepáticas agudas (PHA) constituyen un grupo de trastornos
metabólicos hereditarios de baja prevalencia, cuyo diagnóstico oportuno se dificulta por
la inespecificidad de sus manifestaciones clínicas. El objetivo de esta investigación fue
analizar la utilidad diagnóstica y las características analíticas y preanalíticas de los
biomarcadores urinarios y sanguíneos empleados en el diagnóstico de las PHA. Se
realizó una revisión sistemática conforme a las directrices PRISMA 2020, mediante la
búsqueda de publicaciones correspondientes al período 2021-2026 en PubMed, Web of
Science, Scopus, Google Scholar y SciELO. Se identificaron inicialmente diez estudios que
cumplieron los criterios de elegibilidad establecidos. Los resultados destacaron la
utilidad del porfobilinógeno (PBG) urinario como biomarcador de primera línea durante
las crisis agudas, complementado por la determinación del ácido δ-aminolevulínico
(ALA). La cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas permitió mejorar la
cuantificación de estos precursores en muestras urinarias y plasmáticas, especialmente
en pacientes con deterioro de la función renal. Asimismo, el índice urobilinógeno
urinario/bilirrubina sérica total mostró resultados prometedores como herramienta de
cribado, aunque requirió validación adicional. Se concluyó que la evaluación bioquímica
de ALA y PBG constituyó el fundamento del diagnóstico inicial, mientras que los perfiles
de porfirinas y las pruebas genéticas contribuyeron a la diferenciación de subtipos. La
integración de estos procedimientos podría favorecer un diagnóstico más preciso y
oportuno.
Palabras clave: Ácido δ-aminolevulínico, biomarcadores, diagnóstico bioquímico,
porfobilinógeno, porfirias hepáticas agudas.
Abstract: Acute hepatic porphyrias (AHP) comprise a group of rare inherited metabolic disorders
whose timely diagnosis is hindered by the nonspecific nature of their clinical manifestations. This
study aimed to analyse the diagnostic utility and analytical and preanalytical characteristics of
urinary and blood biomarkers used in the diagnosis of AHP. A systematic review was conducted
in accordance with the PRISMA 2020 guidelines, covering publications from 2021 to 2026
retrieved from PubMed, Web of Science, Scopus, Google Scholar and SciELO. Ten studies
initially met the established eligibility criteria. The findings highlighted the utility of urinary
porphobilinogen (PBG) as a first-line biomarker during acute attacks, complemented by the
measurement of δ-aminolevulinic acid (ALA). Liquid chromatography–mass spectrometry
improved the quantification of these precursors in urine and plasma samples, particularly in
patients with impaired renal function. Furthermore, the urinary urobilinogen-to-serum total
bilirubin ratio showed promising results as a screening tool, although further validation was
required. It was concluded that the biochemical assessment of ALA and PBG formed the basis of
initial diagnosis, while porphyrin profiling and genetic testing contributed to the differentiation
of AHP subtypes. Integrating these procedures could facilitate more accurate and timely
diagnosis.
Keywords: δ-Aminolevulinic acid, biomarkers, biochemical diagnosis, porphobilinogen, acute
hepatic porphyrias.
Copyright: Derechos de autor 2026 Kevin
Oswaldo Amagua Jines, Eliana Elizabeth
Martínez Durán.
Esta obra está bajo una licencia internacional
Creative Commons Atribución-
NoComercial 4.0.
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1. Introducción
Las porfirias constituyen un grupo heterogéneo de trastornos metabólicos, predominantemente
hereditarios, causados por alteraciones en las enzimas que intervienen en la biosíntesis del grupo
hemo, componente esencial de diversas hemoproteínas, como la hemoglobina y los citocromos
(Vizcaino-Carruyo et al., 2022). Estas alteraciones favorecen la acumulación de intermediarios
metabólicos, entre ellos el ácido δ-aminolevulínico (ALA), el porfobilinógeno (PBG) y distintas
porfirinas, cuyos patrones de acumulación y excreción dependen del defecto enzimático y determinan
las manifestaciones bioquímicas y clínicas de cada enfermedad (Di Pierro et al., 2021).
Las porfirias hepáticas agudas (PHA) comprenden cuatro trastornos metabólicos: porfiria aguda
intermitente (PAI), coproporfiria hereditaria (CPH), porfiria variegata (PV) y porfiria por deficiencia
de ALA deshidratasa (ADP). Estas enfermedades se caracterizan por alteraciones en la síntesis hepática
del hemo y la acumulación de precursores neurotóxicos, principalmente ALA y PBG, aunque sus
concentraciones varían según el subtipo. Sus manifestaciones clínicas incluyen dolor abdominal,
alteraciones neurológicas y síntomas autonómicos, mientras que determinados subtipos también
presentan fotosensibilidad cutánea, lo que dificulta su diferenciación de otras enfermedades (Balogun
& Nejak-Bowen, 2024; Wang et al., 2023).
El diagnóstico de las PHA constituye un desafío para el laboratorio clínico debido a la inespecificidad
de sus manifestaciones, el limitado reconocimiento de estas enfermedades y las dificultades para
seleccionar e interpretar las pruebas bioquímicas apropiadas. Estos factores favorecen retrasos
diagnósticos que incrementan el riesgo de complicaciones neurológicas y daño orgánico (Thapar et al.,
2024). En este contexto, la identificación temprana de biomarcadores específicos resulta fundamental
para establecer el diagnóstico, orientar las decisiones terapéuticas y reducir las consecuencias clínicas
asociadas con el reconocimiento tardío de la enfermedad (Solares et al., 2023; Tago et al., 2025).
La evaluación bioquímica inicial ante la sospecha de PHA se fundamenta en la cuantificación urinaria
de ALA y PBG, cuyos incrementos significativos durante los episodios agudos permiten identificar
alteraciones características de la biosíntesis del hemo. Se recomienda utilizar muestras aisladas de orina
y expresar los resultados en relación con la creatinina para corregir las variaciones de concentración
urinaria (Anderson et al., 2021). Una elevación marcada del PBG, habitualmente superior a cinco veces
el límite superior de referencia, constituye un hallazgo diagnóstico relevante para PAI, CPH y PV,
mientras que la ADP presenta un patrón bioquímico diferente (Aarsand et al., 2025; Wang et al., 2023).
La fase preanalítica desempeña un papel determinante en la confiabilidad de los resultados, debido a
que las condiciones de recolección, conservación y transporte pueden modificar las concentraciones de
los biomarcadores. Se recomienda obtener las muestras durante los episodios sintomáticos, protegerlas
de la exposición luminosa y mantener condiciones adecuadas de refrigeración o congelación cuando el
análisis no pueda realizarse oportunamente (Aarsand et al., 2025). Asimismo, la interpretación debe
considerar la estabilidad diferencial de ALA y PBG, las variaciones de excreción entre subtipos y la
limitada especificidad de la elevación aislada de porfirinas urinarias (Di Pierro et al., 2021).
Los procedimientos analíticos para determinar ALA y PBG han evolucionado desde métodos
colorimétricos, como las pruebas de Hoesch y Watson-Schwartz, hasta técnicas instrumentales de
mayor capacidad cuantitativa. Aunque los métodos tradicionales ofrecen rapidez y accesibilidad,
presentan limitaciones relacionadas con la sensibilidad, especificidad y detección de concentraciones
reducidas de determinados analitos (Anderson et al., 2021). En contraste, la cromatografía líquida
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acoplada a espectrometría de masas (LC-MS) permite cuantificar estos precursores en matrices
urinarias y plasmáticas, con aplicaciones relevantes para el diagnóstico y seguimiento de pacientes con
alteraciones de la función renal (Poli et al., 2023).
La diferenciación bioquímica entre los subtipos de PHA requiere estudios complementarios que
incluyen la determinación y caracterización de porfirinas en orina, heces y plasma, así como el análisis
de fluorescencia plasmática. Estos procedimientos permiten identificar patrones metabólicos
característicos y orientar la selección de pruebas moleculares dirigidas a los genes implicados en cada
enfermedad (Di Pierro et al., 2021). Aunque el análisis genético contribuye a confirmar el subtipo y
facilita el estudio familiar, su interpretación debe sustentarse en los hallazgos bioquímicos y clínicos,
debido a la penetrancia variable de las variantes patogénicas (Aarsand et al., 2025).
Además de los biomarcadores convencionales, se han investigado nuevas herramientas para
mejorar la caracterización metabólica de las PHA y detectar complicaciones asociadas con su
evolución. Los análisis metabolómicos han permitido identificar alteraciones en metabolitos urinarios
vinculados con el metabolismo del hemo y los ácidos biliares (Lefebvre et al., 2025). Paralelamente, se
han estudiado biomarcadores relacionados con el daño renal y hepático, cuya utilidad potencial podría
contribuir al seguimiento de los pacientes y a la identificación temprana de complicaciones, aunque
requieren una mayor validación clínica (Storjord et al., 2024; Zeng et al., 2025).
La necesidad de integrar la evidencia disponible sobre los biomarcadores de las PHA responde a la
complejidad de su interpretación, las diferencias entre los métodos analíticos y las dificultades que
persisten para establecer un diagnóstico oportuno. Aunque existen recomendaciones para la
evaluación bioquímica y molecular, resulta pertinente examinar conjuntamente el rendimiento
diagnóstico de los biomarcadores, las condiciones preanalíticas y los procedimientos complementarios
utilizados en el laboratorio clínico (Aarsand et al., 2025; Schulenburg-Brand et al., 2022). Esta
integración permitirá identificar las principales limitaciones metodológicas y las oportunidades para
mejorar el abordaje diagnóstico.
En este contexto, el objetivo de la presente revisión sistemática fue analizar la utilidad diagnóstica
y las características analíticas y preanalíticas de los biomarcadores urinarios y sanguíneos empleados
en el diagnóstico de las porfirias hepáticas agudas, considerando su rendimiento diagnóstico, su
contribución a la diferenciación de subtipos y las principales barreras para su identificación oportuna.
Para orientar el estudio, se formularon las siguientes preguntas de investigación: ¿cuál es el
rendimiento diagnóstico del PBG, el ALA y las porfirinas en muestras urinarias y sanguíneas?; ¿qué
características analíticas y preanalíticas presentan estos biomarcadores, considerando los métodos de
cuantificación, la estabilidad de las muestras y las posibles interferencias?; ¿qué biomarcadores y
pruebas complementarias se utilizan o se han propuesto para diferenciar subtipos, realizar el cribado
y evaluar el daño orgánico?; y ¿cuáles son las principales barreras clínicas, analíticas y organizativas
que dificultan el diagnóstico oportuno de las PHA?
2. Metodología
La investigación se desarrolló mediante una revisión sistemática de la literatura científica, cuyo reporte
se estructuró conforme a las directrices PRISMA 2020 (Preferred Reporting Items for Systematic
Reviews and Meta-Analyses) (Page et al., 2021). Los criterios de elegibilidad se organizaron mediante
el enfoque PICOS, con el propósito de delimitar las características de los estudios incluidos. La revisión
se orientó al análisis de la utilidad diagnóstica y las características analíticas de los biomarcadores
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urinarios y sanguíneos empleados en las porfirias hepáticas agudas (PHA), principalmente ácido δ-
aminolevulínico (ALA), porfobilinógeno (PBG) y porfirinas.
El proceso de identificación, selección, evaluación de elegibilidad e inclusión de los estudios se
representó mediante el diagrama de flujo PRISMA, presentado en la Figura 1. Este esquema permitió
documentar las distintas etapas de selección de la evidencia científica y facilitar la trazabilidad del
proceso de revisión, de acuerdo con las recomendaciones para la presentación transparente de
revisiones sistemáticas (Haddaway et al., 2022).
Figura 1
Diagrama de flujo PRISMA del proceso de selección de estudios
Nota. Adaptado de Haddaway et al. (2022).
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Estrategia de búsqueda
Se realizó una búsqueda bibliográfica en PubMed, Web of Science, Scopus, Google Scholar y SciELO,
sin restricciones de idioma, y se consideraron publicaciones correspondientes al período comprendido
entre enero de 2021 y 2026. La estrategia se elaboró mediante la combinación de descriptores MeSH y
términos libres en español e inglés, organizados en tres bloques conceptuales: porfirias hepáticas
agudas, biomarcadores bioquímicos y rendimiento diagnóstico. Los operadores booleanos OR y AND
se emplearon para relacionar los términos dentro de cada bloque y establecer las combinaciones entre
los componentes de la búsqueda.
El primer bloque incluyó los términos “Porfirias”, “Porphyrias”, “Porfiria hepática aguda”, “Acute
hepatic porphyria”, “Porfiria aguda intermitente”, “Acute intermittent porphyria”, “Coproporfiria
hereditaria”, “Hereditary coproporphyria”, “Porfiria variegata” y “Variegate porphyria”. El segundo
comprendió “Biomarcadores”, “Biomarkers”, “Ácido δ-aminolevulínico”, “delta-Aminolevulinic
Acid”, “Porfobilinógeno”, “Porphobilinogen”, “Porfirinas” y “Porphyrins”. El tercer bloque incorporó
“Diagnóstico”, “Diagnosis”, “Sensibilidad”, “Sensitivity”, “Especificidad”, “Specificity”, “Curva
ROC”, “ROC Curve”, “Valor predictivo”, “Predictive value” y “Utilidad diagnóstica”.
Criterios de elegibilidad
Se consideraron elegibles los estudios que incluyeron pacientes con diagnóstico confirmado o sospecha
clínica de PHA y que proporcionaron información cuantitativa o cualitativa sobre ALA, PBG o
porfirinas en muestras urinarias o sanguíneas. Asimismo, se contemplaron investigaciones que
comunicaron indicadores de rendimiento diagnóstico, como sensibilidad, especificidad, valores
predictivos y curvas ROC, o datos que permitieron estimar estas medidas. También se admitieron
estudios que aportaron información relevante sobre los métodos analíticos, las condiciones
preanalíticas y la interpretación clínica de los biomarcadores.
Criterios de exclusión
Se excluyeron los estudios realizados en poblaciones sin PHA o centrados exclusivamente en otros
tipos de porfiria sin relevancia para el diagnóstico de estas enfermedades. También se descartaron las
publicaciones anteriores a enero de 2021, los documentos cuyo texto completo no estuvo disponible y
los trabajos que no proporcionaron información pertinente sobre los biomarcadores estudiados.
Adicionalmente, se excluyeron editoriales, cartas al editor y series de casos sin grupo comparador,
conforme a los criterios establecidos para la selección de la evidencia científica.
Proceso de selección y extracción de datos
Durante el proceso de selección se utilizó el gestor bibliográfico Zotero 9.0 para identificar y eliminar
registros duplicados. Posteriormente, la información de los estudios seleccionados se recopiló
mediante una matriz estandarizada elaborada en Microsoft Excel. Se registraron las características
generales de cada investigación, el diseño metodológico, la población estudiada, el subtipo de porfiria,
los biomarcadores evaluados, la matriz biológica, los métodos analíticos utilizados, los parámetros de
rendimiento diagnóstico, los estándares de referencia y las principales conclusiones.
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Evaluación de la calidad metodológica
La evaluación de los estudios se efectuó mediante instrumentos diferenciados según el tipo de
publicación. Se empleó la escala SANRA (Scale for the Assessment of Narrative Review Articles) para
las revisiones narrativas, la escala Newcastle-Ottawa (NOS) para los estudios observacionales y el
instrumento AGREE II (Appraisal of Guidelines for Research & Evaluation) para las guías de práctica
clínica. Asimismo, se utilizó la lista de verificación CARE (CAse REport) para examinar la integridad
del reporte de los casos clínicos. Los resultados de estas evaluaciones se consignaron en la tabla 2.
Síntesis de los resultados
Debido a la heterogeneidad de los diseños metodológicos, las poblaciones estudiadas, los métodos
analíticos y los puntos de corte empleados, no se realizó un metaanálisis cuantitativo. En su lugar, los
resultados se integraron mediante una síntesis narrativa, organizada según los biomarcadores
evaluados y sus aplicaciones diagnósticas. El análisis consideró las características preanalíticas y
analíticas, el rendimiento diagnóstico, los procedimientos complementarios para diferenciar subtipos
y las principales limitaciones identificadas en los estudios incluidos.
Uso de herramientas de inteligencia artificial
Durante la revisión lingüística del manuscrito se utilizó Grammarly como herramienta de apoyo para
identificar posibles errores gramaticales, ortográficos y de estilo. Asimismo, se emplearon las funciones
de corrección y revisión integradas en Microsoft Word para mejorar la coherencia y uniformidad de la
redacción académica.
3. Resultados
La revisión incluyó inicialmente diez publicaciones relacionadas con la utilidad diagnóstica, las
características analíticas y las aplicaciones clínicas de los biomarcadores empleados en las porfirias
hepáticas agudas (PHA). Los documentos comprendieron estudios observacionales, revisiones
científicas, recomendaciones clínicas y un reporte de caso. La evaluación metodológica inicialmente
consignada clasificó seis publicaciones con calidad alta y cuatro con calidad moderada. La Tabla 1
presenta las características generales de las investigaciones, los biomarcadores evaluados, las matrices
biológicas utilizadas y sus principales hallazgos.
Tabla 1
Características generales y principales hallazgos de los estudios incluidos
Autor y año
Tipo de porfiria
Biomarcadores
Muestra
biológica
Principal hallazgo
Tago et al. (2025)
PHA
ALA y PBG
Orina
Ninguno de los 317 pacientes con dolor
abdominal de causa no identificada recibió
pruebas específicas de ALA o PBG.
Thangiasalan
(2026)*
Probable PHA
PBG y porfirinas totales
Orina
Prueba de Hoesch positiva y concentración de
porfirinas urinarias de 349,635 nmol/L, sin
confirmación cuantitativa de ALA/PBG ni
genética.
Di Pierro et al.
(2021)
Porfirias,
incluidas las
PHA
ALA, PBG y porfirinas
Orina, plasma,
heces y
eritrocitos
Describieron los procedimientos bioquímicos y
moleculares utilizados para el diagnóstico y la
diferenciación de porfirias.
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Storjord et al.
(2024)
Porfiria aguda
intermitente
KIM-1, FABP-1 y α-GST
Plasma y orina
Identificaron concentraciones elevadas de
biomarcadores asociados con lesión renal y
hepática en pacientes con PAI.
Algarín-Lara et
al. (2021)
PHA
ALA, PBG y porfirinas
Orina, sangre y
heces
Destacaron la importancia del diagnóstico
bioquímico y las pruebas complementarias.
Solares et al.
(2023)
PHA
ALA, PBG y porfirinas
Orina, plasma
y heces
Describieron la utilidad de los precursores
urinarios y los perfiles de porfirinas para la
diferenciación de subtipos.
Wang et al. (2023)
PHA
ALA, PBG y creatinina
Orina
Recomendaron la cuantificación de ALA y PBG
en muestras aisladas de orina, normalizada por
creatinina.
Schulenburg-
Brand et al. (2022)
PHA
autosómicas
dominantes
ALA, PBG y porfirinas
Orina, plasma
y heces
Describieron patrones bioquímicos
característicos para el diagnóstico y la
diferenciación de subtipos.
Anderson et al.
(2021)
PHA
ALA, PBG y porfirinas
Orina, plasma
y heces
Destacaron la utilidad de la cuantificación de
PBG urinario y las pruebas bioquímicas
complementarias.
Song y Liu (2023)
PHA
Índice
urobilinógeno/bilirrubina
Orina y suero
Comunicaron un AUC de 1,000, con
sensibilidad y especificidad del 100 % en la
población estudiada.
Nota. PHA: porfirias hepáticas agudas; PAI: porfiria aguda intermitente; ALA: ácido δ-aminolevulínico; PBG: porfobilinógeno; KIM-1:
molécula de lesión renal 1; FABP-1: proteína de unión a ácidos grasos 1; α-GST: alfa-glutatión S-transferasa.
Evaluación de la calidad metodológica
La evaluación consignada inicialmente identificó seis publicaciones clasificadas con calidad alta y
cuatro con calidad moderada. Se emplearon instrumentos diferenciados según las características de
los documentos: AGREE II, SANRA, Newcastle-Ottawa (NOS) y CARE. La tabla 2 presenta las
puntuaciones originales y sus correspondientes categorías. Estas valoraciones se interpretaron
considerando que los instrumentos empleados examinaron dimensiones diferentes de la calidad
metodológica y del reporte científico, por lo que sus puntuaciones no fueron directamente
equivalentes.
Tabla 2
Evaluación de la calidad metodológica y del reporte de los estudios incluidos
Estudio
Instrumento
Puntuación
Clasificación original
Anderson et al. (2021)
AGREE II
85 %
Alta
Wang et al. (2023)
AGREE II
85 %
Alta
Solares et al. (2023)
AGREE II
80 %
Alta
Di Pierro et al. (2021)
SANRA
10/12
Alta
Schulenburg-Brand et al. (2022)
SANRA
10/12
Alta
Algarín-Lara et al. (2021)
SANRA
9/12
Moderada
Storjord et al. (2024)
NOS
8/9
Alta
Song y Liu (2023)
NOS
7/9
Moderada
Tago et al. (2025)
NOS
7/9
Moderada
Thangiasalan (2026)
CARE
9/13
Moderada
Nota. AGREE II: Appraisal of Guidelines for Research & Evaluation II; SANRA: Scale for the Assessment of Narrative Review Articles; NOS:
Newcastle-Ottawa Scale; CARE: CAse REport guidelines. Se conservaron las puntuaciones y categorías proporcionadas originalmente,
pendientes de comprobación metodológica.
Biomarcadores identificados
Los biomarcadores identificados se agruparon según cuatro aplicaciones clínicas: diagnóstico
bioquímico inicial, diferenciación de subtipos, cribado complementario y evaluación del daño
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orgánico. El PBG y el ALA urinarios constituyeron los principales analitos utilizados para investigar
episodios agudos, mientras que los perfiles de porfirinas plasmáticas y fecales aportaron información
para caracterizar las variantes clínicas. Asimismo, se identificaron biomarcadores emergentes y
marcadores asociados con alteraciones renales o hepáticas, cuya utilidad diagnóstica y clínica presentó
diferentes niveles de evidencia.
La tabla 3 sintetiza las aplicaciones clínicas, las matrices biológicas y los métodos analíticos
empleados para los biomarcadores seleccionados. También se incorporaron las principales condiciones
preanalíticas y limitaciones de interpretación descritas en las publicaciones. Debido a las diferencias
entre los procedimientos, los períodos específicos de estabilidad se consideraron dependientes del
método analítico y las condiciones de conservación. Esta información permitió identificar los factores
que influyeron en la confiabilidad de los resultados y en su aplicación dentro del laboratorio clínico.
Tabla 3
Biomarcadores de las porfirias hepáticas agudas según su aplicación clínica, método analítico y consideraciones preanalíticas
Biomarcador
Aplicación clínica
Matriz
biológica
Método analítico
Consideraciones
preanalíticas e
interferencias
PBG
Diagnóstico inicial
durante crisis agudas
Orina
Intercambio iónico o LC-
MS; Hoesch como prueba
cualitativa
complementaria
Protección de la luz,
refrigeración y
normalización por
creatinina. La
conservación inadecuada
puede reducir su
concentración.
ALA
Diagnóstico inicial y
evaluación de
deficiencia de ALAD
Orina
Intercambio iónico o LC-
MS
Mayor estabilidad relativa
que PBG. Puede elevarse
por intoxicación por
plomo o tirosinemia
hereditaria tipo I.
PBG
Evaluación
complementaria,
especialmente ante
alteración renal
Plasma
LC-MS
Interpretación según
función renal, valores de
referencia y condiciones
de conservación
validadas.
ALA
Evaluación
complementaria y
seguimiento en
pacientes con
alteración renal
Plasma
LC-MS
Requiere interpretación
según el contexto clínico y
los valores de referencia
del procedimiento.
Porfirinas totales
Evaluación
bioquímica
complementaria
Orina
HPLC con detección por
fluorescencia u otros
métodos validados
Elevaciones inespecíficas
asociadas con
enfermedades hepáticas y
otras condiciones.
Porfirinas fecales
Diferenciación de
CPH y PV
Heces
HPLC con detección por
fluorescencia
Protección de la luz e
interpretación del perfil de
porfirinas.
Porfirinas plasmáticas
Diferenciación de PV
y evaluación de
porfirias cutáneas
Plasma
Espectrofluorimetría
Pico de emisión cercano a
626 nm característico de
PV; debe distinguirse de la
longitud de onda de
excitación.
Índice
Cribado emergente
Orina y
Determinación de
Posible interferencia del
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urobilinógeno/bilirrubina
suero
urobilinógeno y
bilirrubina; cálculo del
índice
PBG con reactivos de
Ehrlich. Requiere
validación externa.
KIM-1, FABP-1 y α-GST
Evaluación
investigacional de
daño orgánico
Plasma y
orina
Métodos específicos de
cuantificación de
proteínas
No constituyen
biomarcadores
diagnósticos específicos
de PHA.
Nota. LC-MS: cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas; HPLC: cromatografía líquida de alta resolución; CPH: coproporfiria
hereditaria; PV: porfiria variegata; ALAD: ácido δ-aminolevulínico deshidratasa. Elaborado a partir de Anderson et al. (2021), Di Pierro et al.
(2021), Schulenburg-Brand et al. (2022), Solares et al. (2023), Wang et al. (2023), Song y Liu (2023) y Storjord et al. (2024).
Biomarcadores diagnósticos: PBG durante las crisis agudas
Anderson et al. (2021) y Wang et al. (2023) identificaron la cuantificación urinaria de PBG como una
prueba fundamental para investigar las crisis de PHA. Ambos trabajos destacaron la importancia de
expresar los resultados en relación con la creatinina urinaria e interpretar las elevaciones según los
intervalos de referencia del método. Schulenburg-Brand et al. (2022) también describieron incrementos
marcados de PBG durante los episodios agudos de PAI, PV y CPH, aunque su magnitud y persistencia
variaron entre los subtipos.
Solares et al. (2023) describieron la utilidad de la prueba de Hoesch para identificar cualitativamente
concentraciones elevadas de PBG durante las crisis agudas. No obstante, las recomendaciones
examinadas respaldaron la cuantificación específica de PBG como procedimiento fundamental para la
evaluación diagnóstica. La interpretación de un resultado negativo requirió considerar el momento de
recolección, la sensibilidad del método y las condiciones de conservación, particularmente cuando
persistió una sospecha clínica compatible con PHA.
Biomarcadores diagnósticos: PBG en pacientes asintomáticos
Di Pierro et al. (2021) describieron la aplicación de técnicas cromatográficas acopladas a espectrometría
de masas para cuantificar ALA y PBG en concentraciones reducidas. Estos procedimientos permitieron
mejorar la caracterización bioquímica respecto de determinadas pruebas colorimétricas y ampliar las
posibilidades de seguimiento analítico. Sin embargo, la detección de precursores elevados en pacientes
asintomáticos no implicó necesariamente la presencia de una crisis activa, por lo que los resultados
debieron interpretarse considerando el subtipo de porfiria, la evolución clínica y los antecedentes del
paciente.
Biomarcadores diagnósticos: ácido δ-aminolevulínico (ALA)
Anderson et al. (2021) describieron la utilidad del ALA como biomarcador complementario en la
evaluación inicial de las PHA, particularmente cuando se interpretó conjuntamente con el PBG. Solares
et al. (2023) señalaron que su especificidad diagnóstica fue inferior a la del PBG, debido a que también
podía elevarse en condiciones como la intoxicación por plomo y la tirosinemia hereditaria tipo I. No
obstante, su determinación resultó especialmente relevante para investigar la porfiria por deficiencia
de ALAD, caracterizada por elevación de ALA sin incremento marcado de PBG.
Di Pierro et al. (2021) describieron procedimientos de cuantificación de ALA mediante técnicas
instrumentales sensibles, aplicables al análisis de diferentes matrices biológicas. Estas herramientas
ampliaron las posibilidades de evaluación de los precursores del hemo y permitieron examinar
concentraciones que podrían no detectarse mediante métodos cualitativos. Asimismo, Poli et al. (2023)
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documentaron la utilidad de determinar ALA y PBG en plasma y orina, especialmente en pacientes
con deterioro de la función renal, en quienes la interpretación exclusiva de las concentraciones
urinarias podía resultar insuficiente.
Biomarcadores diagnósticos complementarios: porfirinas totales urinarias
Anderson et al. (2021) y Schulenburg-Brand et al. (2022) describieron la determinación de porfirinas
urinarias como una herramienta complementaria para caracterizar las alteraciones del metabolismo
del hemo. Su utilidad se relacionó con la persistencia de determinados patrones de excreción y con la
evaluación de los subtipos de porfiria. Sin embargo, la elevación aislada de porfirinas totales presentó
una especificidad limitada, debido a su posible asociación con enfermedades hepatobiliares,
exposición a sustancias tóxicas y otras condiciones no relacionadas con las PHA.
Biomarcadores para la diferenciación de subtipos: porfirinas fecales y plasmáticas
Solares et al. (2023) y Schulenburg-Brand et al. (2022) describieron la utilidad de los perfiles de
porfirinas plasmáticas y fecales para diferenciar las PHA después de la evaluación bioquímica inicial.
En la porfiria variegata se identificó un máximo característico de emisión de fluorescencia plasmática
cercano a 626 nm, mientras que la coproporfiria hereditaria presentó un incremento de coproporfirina
III fecal. Estos patrones aportaron información complementaria para orientar la clasificación
bioquímica y la posterior selección de pruebas moleculares específicas.
Di Pierro et al. (2021) señalaron que la caracterización cromatográfica de porfirinas fecales permitió
identificar diferencias relevantes entre CPH y PV. En la primera predominó la elevación de
coproporfirina III, mientras que en la segunda se describieron alteraciones relacionadas con
protoporfirina y coproporfirina III. La interpretación conjunta de estos perfiles y de la fluorescencia
plasmática permitió mejorar la diferenciación bioquímica de los subtipos, particularmente cuando las
concentraciones urinarias de ALA y PBG habían disminuido después del episodio agudo.
Biomarcadores emergentes de cribado: índice urobilinógeno/bilirrubina
Song y Liu (2023) evaluaron la relación entre el urobilinógeno urinario y la bilirrubina sérica total como
posible indicador de PHA en pacientes con dolor abdominal. El estudio incluyó 12 pacientes con PHA
y 100 controles con dolor abdominal de otras etiologías. El índice presentó un área bajo la curva ROC
de 1,000 (IC del 95 %: 1,000–1,000) y, con un punto de corte de 3,22, alcanzó sensibilidad y especificidad
del 100 % en la población estudiada.
Los autores atribuyeron la elevación aparente del urobilinógeno urinario a una reacción interferente
del PBG con el reactivo de Ehrlich, lo que permitió proponer este índice como indicador indirecto de
sospecha. Sin embargo, los resultados procedieron de una muestra reducida y no establecieron su
desempeño en poblaciones independientes. Por tanto, el índice se consideró un biomarcador
emergente de cribado que requirió validación adicional y no sustituyó la cuantificación específica de
ALA y PBG para confirmar bioquímicamente la enfermedad.
Biomarcadores de daño orgánico y seguimiento
Storjord et al. (2024) investigaron biomarcadores asociados con alteraciones renales y hepáticas en
pacientes con porfiria aguda intermitente y controles emparejados. Los resultados mostraron
concentraciones plasmáticas superiores de KIM-1 en los pacientes con PAI (mediana: 92 pg/mL)
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respecto de los controles (50 pg/mL; p = 0,0002). Asimismo, se identificaron diferencias
estadísticamente significativas en otros indicadores, como FABP-1 y α-GST, lo que sugirió la presencia
de alteraciones orgánicas detectables mediante biomarcadores específicos.
Los investigadores también documentaron una asociación positiva entre las concentraciones
plasmáticas de KIM-1 y los niveles urinarios de PBG, lo que sugirió una posible relación entre la actividad
bioquímica de la enfermedad y determinados indicadores de lesión renal. Sin embargo, estos
biomarcadores no fueron específicos de las PHA y no permitieron establecer el diagnóstico de manera
independiente. Su utilidad potencial se orientó principalmente a la investigación de complicaciones, la
evaluación del daño orgánico y el seguimiento clínico, aunque requirió estudios adicionales de validación.
Pruebas complementarias: cribado cualitativo
Solares et al. (2023) describieron la prueba de Hoesch como un procedimiento rápido basado en la
reacción del PBG con el reactivo de Ehrlich. Su aplicación permitió identificar elevaciones relevantes
del precursor urinario y orientar la sospecha diagnóstica en determinados contextos asistenciales. Di
Pierro et al. (2021) también examinaron sus características analíticas y las diferencias respecto de otros
procedimientos colorimétricos. Sin embargo, estas pruebas presentaron limitaciones de sensibilidad y
no reemplazaron la cuantificación específica de los precursores del hemo.
En el reporte atribuido a Thangiasalan se describió un resultado positivo de la prueba de Hoesch,
acompañado de una concentración urinaria de porfirinas totales de 349,635 nmol/L y un máximo de
absorción correspondiente a la banda de Soret, cercano a 405 nm. Estos hallazgos respaldaron la sospecha
de una alteración del metabolismo de las porfirinas; no obstante, la ausencia de cuantificación específica
de ALA y PBG y de confirmación molecular limitó la clasificación diagnóstica definitiva del caso.
Pruebas complementarias: análisis genético y molecular
Anderson et al. (2021), Wang et al. (2023) y Solares et al. (2023) describieron las pruebas genéticas como
procedimientos complementarios para confirmar el subtipo de porfiria e identificar familiares
portadores de variantes patogénicas. Estas evaluaciones se orientaron principalmente al estudio de los
genes relacionados con la biosíntesis del hemo, después de establecer la evidencia bioquímica
correspondiente. Los autores señalaron que la identificación aislada de una variante genética no
demostró necesariamente actividad clínica de la enfermedad, debido a su penetrancia variable.
Di Pierro et al. (2021) describieron la secuenciación de genes asociados con las PHA, incluidos HMBS,
CPOX, PPOX y ALAD, así como el empleo de procedimientos complementarios para identificar
alteraciones estructurales. Entre estas técnicas se incluyó la amplificación múltiple de sondas
dependiente de ligación (MLPA), utilizada para investigar deleciones o duplicaciones que podrían no
detectarse mediante determinadas estrategias de secuenciación. Estos procedimientos contribuyeron a
la caracterización molecular y al estudio familiar, aunque su interpretación requirió correlación con los
hallazgos clínicos y bioquímicos.
Pruebas complementarias: evaluación enzimática
Schulenburg-Brand et al. (2022) describieron la determinación de la actividad eritrocitaria de porfobilinógeno
desaminasa (PBGD) como una prueba complementaria para investigar determinados casos de porfiria aguda
intermitente. No obstante, su utilidad diagnóstica presentó limitaciones relacionadas con la superposición de
valores entre pacientes y controles, así como con la disponibilidad de técnicas moleculares. La evaluación de
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la actividad de ALAD también permitió aportar información para diferenciar las alteraciones enzimáticas
hereditarias de determinadas causas adquiridas, como la exposición al plomo.
Barreras para el diagnóstico oportuno
Tago et al. (2025) desarrollaron un estudio retrospectivo en instituciones sanitarias de Japón, en el que
evaluaron 1.915 pacientes que habían sido sometidos a estudios de imagen por dolor abdominal. De
ellos, 317 (16,6 %) presentaron dolor abdominal cuya causa permaneció sin identificar. Los
investigadores examinaron la presencia de manifestaciones compatibles con las PHA y las pruebas
diagnósticas solicitadas durante la atención médica, con el propósito de identificar posibles
oportunidades de mejora en el reconocimiento de estas enfermedades.
Entre los pacientes con dolor abdominal no diagnosticado se identificaron manifestaciones clínicas
que podían justificar una evaluación más específica de las PHA. Sin embargo, ninguno fue sometido a
la determinación urinaria de ALA o PBG, pese a que 198 pacientes (62,5 %) habían recibido un examen
general de orina. Este hallazgo evidenció una brecha entre la identificación de síntomas potencialmente
compatibles y la solicitud de pruebas bioquímicas específicas, sin demostrar que dichos pacientes
padecieran necesariamente una porfiria.
En el análisis multivariable, la hospitalización para evaluación diagnóstica (OR = 5,07; IC del 95 %:
2,11–12,20; p inferior a 0,001) y el dolor de carácter sordo (OR = 4,47; IC del 95 %: 1,30–15,40; p = 0,017)
se asociaron con la identificación de la causa del dolor abdominal. Por el contrario, los síntomas
depresivos (OR = 0,13; IC del 95 %: 0,02–0,73; p = 0,021) se relacionaron con una menor probabilidad
de obtener un diagnóstico etiológico.
Estos resultados evidenciaron dificultades para reconocer indicaciones de estudio bioquímico específico
en pacientes con manifestaciones clínicas inespecíficas. La ausencia de determinaciones de ALA y PBG,
incluso cuando se realizaron exámenes urinarios convencionales, puso de manifiesto limitaciones en la
selección de pruebas diagnósticas. En conjunto, los hallazgos de Tago et al. (2025) respaldaron la necesidad
de fortalecer la sospecha clínica, mejorar el conocimiento de los procedimientos analíticos disponibles y
establecer estrategias de evaluación dirigidas a pacientes con síntomas compatibles con PHA.
4. Discusión
El principal hallazgo de esta revisión fue la identificación del porfobilinógeno (PBG) urinario como uno
de los biomarcadores de mayor utilidad para el diagnóstico de las porfirias hepáticas agudas (PHA)
durante los episodios sintomáticos. Este resultado coincidió con Aarsand et al. (2025), quienes destacaron
la necesidad de demostrar alteraciones bioquímicas específicas antes de recurrir a pruebas genéticas.
Asimismo, Wang et al. (2023) recomendaron cuantificar PBG y ácido δ-aminolevulínico (ALA) en
muestras aisladas de orina, normalizadas por creatinina. No obstante, su rendimiento diagnóstico
dependió del subtipo de porfiria, el momento de recolección y el método analítico empleado.
La elevada utilidad diagnóstica del PBG urinario no debió interpretarse como una sensibilidad
universal del 100 %, debido a las diferencias bioquímicas entre los subtipos de PHA. En la porfiria
aguda intermitente (PAI), la porfiria variegata (PV) y la coproporfiria hereditaria (CPH), las crisis
suelen acompañarse de incrementos significativos de PBG. Sin embargo, en la porfiria por deficiencia
de ALA deshidratasa, este precursor puede permanecer dentro de los valores de referencia. Esta
particularidad respaldó la determinación conjunta de ALA y PBG para evitar interpretaciones
diagnósticas incompletas (Aarsand et al., 2025; Wang et al., 2023).
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En relación con las técnicas analíticas avanzadas, los hallazgos respaldaron las ventajas de la
cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas (LC-MS) para cuantificar precursores del
hemo. Poli et al. (2023) identificaron concentraciones elevadas de PBG en el 65 % de los portadores
asintomáticos de PAI y el 68 % de PV, frente al 21 % detectado mediante el método histórico. Estos
resultados evidenciaron una mayor capacidad de detección de alteraciones bioquímicas, aunque no
demostraron por sí mismos una mayor exactitud para diagnosticar crisis agudas. Además, la
cuantificación plasmática resultó relevante en pacientes con deterioro renal.
La incorporación de técnicas analíticas de mayor sensibilidad representó una oportunidad para
mejorar la caracterización bioquímica de las PHA, particularmente en pacientes con concentraciones
reducidas de precursores. Sin embargo, Aarsand et al. (2025) señalaron que determinadas alteraciones
en la acumulación y excreción de porfirinas también aparecen en enfermedades distintas de las
porfirias. Por consiguiente, una mayor sensibilidad analítica no necesariamente implicó una mayor
especificidad clínica, y la interpretación de los resultados requirió considerar los patrones metabólicos,
los antecedentes del paciente y las posibles interferencias.
Entre los biomarcadores emergentes, Song y Liu (2023) propusieron el índice urobilinógeno
urinario/bilirrubina sérica total como herramienta complementaria de cribado. El estudio comunicó un
área bajo la curva ROC de 1,000, con sensibilidad y especificidad del 100 % en la población evaluada.
Aunque estos resultados sugirieron una elevada capacidad discriminativa, el reducido número de
pacientes con PHA (n = 12) limitó su generalización. Además, la ausencia de validación externa impidió
establecer su aplicabilidad en poblaciones con diferentes características clínicas y epidemiológicas.
De manera complementaria, Lefebvre et al. (2025) identificaron la relación entre ácido cólico y ácido
quenodesoxicólico como un posible biomarcador para diferenciar pacientes con fenotipos graves de
PAI. Mediante un modelo de clasificación, los investigadores comunicaron una exactitud del 84 %. Este
hallazgo amplió las perspectivas de la metabolómica urinaria para la estratificación clínica y el
seguimiento de la enfermedad. Sin embargo, dicha exactitud correspondió a la clasificación de
gravedad y no al diagnóstico inicial de PHA, por lo que ambas aplicaciones debieron diferenciarse.
En cuanto a los biomarcadores de daño orgánico, Storjord et al. (2024) identificaron concentraciones
plasmáticas significativamente elevadas de KIM-1, FABP-1 y α-GST en pacientes con PAI respecto de
los controles. Estos resultados sugirieron la existencia de alteraciones renales y hepáticas que podrían
detectarse mediante indicadores bioquímicos complementarios. No obstante, las asociaciones
observadas no permitieron establecer una relación causal directa entre la actividad de la porfiria y el
daño orgánico. Por tanto, su posible utilidad se relacionó principalmente con la evaluación de
complicaciones y el seguimiento clínico.
La comparación entre biomarcadores convencionales y emergentes permitió identificar aplicaciones
clínicas diferentes que no debieron considerarse equivalentes. Mientras que ALA y PBG aportaron
evidencia bioquímica para investigar episodios agudos, los metabolitos relacionados con los ácidos
biliares y los indicadores de lesión orgánica ofrecieron posibilidades para caracterizar la gravedad y
las complicaciones. Esta diferenciación resultó fundamental para evitar que asociaciones
estadísticamente significativas se interpretaran como pruebas de utilidad diagnóstica establecida.
Asimismo, evidenció la necesidad de validar los nuevos biomarcadores antes de incorporarlos a los
protocolos asistenciales.
Respecto de las porfirinas urinarias totales, se identificaron diferencias en su interpretación y
aplicación dentro de los procedimientos diagnósticos. Aunque su elevación puede persistir después
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de la normalización de ALA y PBG, especialmente en determinados subtipos, su especificidad es
limitada. Anderson et al. (2021) y Aarsand et al. (2025) destacaron la importancia de interpretar los
patrones bioquímicos completos. En consecuencia, las porfirinas totales se consideraron herramientas
complementarias, pero su elevación aislada no constituyó evidencia suficiente para establecer un
diagnóstico de PHA.
La diferenciación de los subtipos también requirió considerar la distribución de las porfirinas en
diversas matrices biológicas y la utilidad de las pruebas moleculares. Los perfiles fecales y la
fluorescencia plasmática aportaron información para distinguir principalmente PV y CPH, mientras
que el análisis genético permitió caracterizar variantes patogénicas específicas. Sin embargo, la baja
penetrancia de determinadas variantes limitó la interpretación de los resultados moleculares cuando
no existió evidencia bioquímica compatible. Esta observación respaldó la integración de los hallazgos
clínicos, bioquímicos y genéticos (Aarsand et al., 2025).
Las barreras para el diagnóstico oportuno constituyeron otro hallazgo relevante de la revisión,
debido a su relación con la selección de pruebas y el reconocimiento clínico de la enfermedad. Tago et
al. (2025) documentaron que ninguno de los 317 pacientes con dolor abdominal de causa no
identificada recibió determinaciones específicas de ALA o PBG. Esta ausencia de evaluación
bioquímica evidenció oportunidades de mejora en los procedimientos diagnósticos, aunque no
permitió concluir que los pacientes presentaran PHA. Los resultados destacaron la importancia de
fortalecer la sospecha clínica ante manifestaciones compatibles.
Desde una perspectiva práctica, los hallazgos respaldaron la necesidad de establecer
procedimientos de laboratorio que priorizaran la cuantificación de ALA y PBG ante la sospecha de una
crisis aguda. Asimismo, la incorporación de métodos como LC-MS podría mejorar la caracterización
de los precursores, especialmente cuando las pruebas convencionales presentaran limitaciones
analíticas. Sin embargo, su implementación debería considerar los recursos disponibles, los costos, la
validación de los procedimientos y la disponibilidad de personal capacitado. Estas condiciones
determinarían la viabilidad de su utilización en diferentes establecimientos sanitarios.
En conjunto, la evidencia examinada respaldó un abordaje diagnóstico escalonado, basado
inicialmente en la evaluación bioquímica y complementado con pruebas específicas según los resultados
obtenidos. La determinación de precursores urinarios permitió investigar episodios agudos, mientras
que los perfiles de porfirinas y las pruebas genéticas contribuyeron a la diferenciación de subtipos. Los
biomarcadores emergentes ofrecieron perspectivas para ampliar la evaluación clínica, pero todavía
presentaron limitaciones de validación. Esta integración permitió reconocer aplicaciones diagnósticas
distintas y orientar futuras investigaciones sobre el rendimiento de las herramientas disponibles.
Limitaciones de la investigación
La presente revisión sistemática presentó limitaciones metodológicas que debieron considerarse al
interpretar sus hallazgos. La heterogeneidad de los diseños, las poblaciones estudiadas, los puntos de
corte y los procedimientos analíticos impidió realizar un metaanálisis que proporcionara estimaciones
agrupadas de sensibilidad y especificidad. En consecuencia, la síntesis narrativa permitió comparar
cualitativamente los resultados, pero no establecer una clasificación cuantitativa definitiva del
rendimiento diagnóstico de los biomarcadores. Esta limitación redujo la posibilidad de efectuar
comparaciones directas entre las técnicas y los estudios examinados.
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Otra limitación estuvo relacionada con la estrategia de búsqueda y la disponibilidad de evidencia
científica. La revisión se restringió a PubMed, Web of Science, Scopus, Google Scholar y SciELO, así
como a publicaciones comprendidas entre 2021 y 2026. Estas restricciones pudieron excluir
investigaciones relevantes publicadas anteriormente o disponibles en otras fuentes bibliográficas.
Además, la inclusión de documentos con diferentes diseños y finalidades dificultó la comparación de
su calidad metodológica y la interpretación uniforme de los resultados.
La evidencia sobre biomarcadores emergentes también presentó limitaciones relacionadas con el
tamaño de las muestras, la diversidad de las poblaciones y la falta de validación externa. Algunos
estudios comunicaron indicadores elevados de rendimiento diagnóstico, pero sus resultados
procedieron de grupos reducidos de pacientes o de modelos exploratorios. Por esta razón, no fue
posible establecer recomendaciones definitivas para su aplicación clínica habitual. Se consideró
necesario desarrollar investigaciones multicéntricas que evaluaran su reproducibilidad, exactitud
diagnóstica y utilidad complementaria frente a los biomarcadores convencionales.
La inclusión de revisiones narrativas, recomendaciones de expertos y estudios observacionales
limitó la posibilidad de interpretar toda la evidencia con criterios homogéneos de precisión
diagnóstica. Los documentos aportaron información relevante sobre procedimientos analíticos y
recomendaciones clínicas, pero no todos comunicaron resultados originales de sensibilidad y
especificidad. Esta característica exigió distinguir entre recomendaciones basadas en la literatura y
estimaciones obtenidas directamente de poblaciones estudiadas. Su consideración resultó necesaria
para mantener la correspondencia entre los resultados, la discusión y los objetivos de la revisión.
5. Conclusiones
El porfobilinógeno (PBG) urinario se identificó como uno de los principales biomarcadores para el
diagnóstico de las porfirias hepáticas agudas (PHA) durante los episodios sintomáticos, debido a su
elevada utilidad diagnóstica cuando se emplearon métodos cuantitativos validados. Sin embargo, su
interpretación dependió del subtipo de porfiria, la fase clínica y las condiciones analíticas, por lo que
no fue posible establecer una sensibilidad universal del 100 %. El ácido δ-aminolevulínico (ALA)
complementó la evaluación bioquímica, aunque presentó menor especificidad por su elevación en
otras enfermedades, como la intoxicación por plomo y la tirosinemia hereditaria tipo I.
Las técnicas analíticas avanzadas, como la cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas
(LC-MS), ofrecieron ventajas para la cuantificación de ALA y PBG en muestras urinarias y plasmáticas,
particularmente en pacientes con deterioro de la función renal. Asimismo, los perfiles de porfirinas
fecales y plasmáticas contribuyeron a la diferenciación de subtipos, mientras que las pruebas genéticas
permitieron caracterizar variantes patogénicas y orientar el asesoramiento familiar, sin sustituir la
confirmación bioquímica en pacientes sintomáticos. Estos hallazgos respaldaron la integración de
procedimientos analíticos y moleculares según las características clínicas de cada paciente.
Los biomarcadores emergentes, como el índice urobilinógeno urinario/bilirrubina sérica total y los
perfiles metabolómicos, mostraron resultados prometedores para el cribado complementario y la
estratificación clínica de las PHA. Asimismo, KIM-1, FABP-1 y α-GST aportaron evidencia preliminar
sobre su posible utilidad para evaluar el daño renal y hepático asociado con la enfermedad. No
obstante, las limitaciones metodológicas, los tamaños muestrales reducidos y la ausencia de validación
externa impidieron recomendar su aplicación diagnóstica rutinaria, por lo que se requirieron
investigaciones adicionales que establecieran su rendimiento y reproducibilidad.
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Las principales barreras identificadas fueron la inespecificidad de las manifestaciones clínicas, la
limitada sospecha diagnóstica y la escasa utilización de pruebas bioquímicas específicas en pacientes
con síntomas compatibles. Estos hallazgos evidenciaron la necesidad de fortalecer la formación del
personal sanitario y establecer procedimientos diagnósticos que priorizaran la cuantificación de ALA
y PBG durante los episodios sintomáticos. La incorporación de pruebas complementarias según los
resultados bioquímicos podría contribuir a reducir el infradiagnóstico, mejorar la identificación de
subtipos y favorecer una atención clínica más oportuna, aunque estos beneficios deberán evaluarse
mediante estudios de implementación.
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Salud y Ciencias de la Vida
Kevin Oswaldo Amagua Jines, Eliana Elizabeth Martínez Durán
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Zeng, T., Huang, S., Chen, J., Pang, J., Chong, Y., & Li, X. (2025). Pathogenesis and clinical management
of liver damage in porphyrias: Mechanisms and therapeutic approaches. World Journal of
Hepatology, 17(9), 107705. https://doi.org/10.4254/wjh.v17.i9.107705
Transparencia
Conflicto de interés
Los autores declaran que no existen conflictos de interés de naturaleza alguna como parte de la
presente investigación.
Fuente de financiamiento
Los autores financiaron completamente la investigación.
Contribución de autoría
Kevin Oswaldo Amagua Jines: Conceptualización, metodología, investigación, curación de datos,
análisis formal, visualización y redacción del borrador original.
Eliana Elizabeth Martínez Durán: Supervisión, validación y redacción, revisión y edición.
Los autores contribuyeron activamente en el análisis de los resultados, revisión y aprobación del
manuscrito final.