1. Introducción
Cuando un desastre afecta una zona urbana, sus consecuencias pueden intensificarse debido a la
concentración poblacional, los daños en la infraestructura crítica, la interrupción de servicios esenciales
y las limitaciones de movilidad. Durante las primeras horas, las necesidades asistenciales, logísticas y
operativas pueden superar la capacidad disponible de los organismos de rescate y salud. En este
escenario, la respuesta humanitaria debe orientarse a preservar la vida, reducir el sufrimiento y priorizar
la asistencia de acuerdo con las necesidades de la población afectada (Sphere Association, 2018).
La atención prehospitalaria constituye un componente esencial de esta respuesta, debido a que integra la
evaluación clínica inicial, el soporte vital, el triaje y la toma de decisiones para el traslado oportuno de las
víctimas. Los sistemas de emergencia deben articular el despacho, la atención en el lugar del evento y el
transporte asistido con las instituciones receptoras, especialmente cuando existe un número elevado de
afectados y los recursos son limitados (Organización Mundial de la Salud, 2018, 2025). Esta organización resulta
determinante para sostener la continuidad asistencial desde la escena hasta el establecimiento de salud.
En incidentes con múltiples víctimas, el triaje permite establecer prioridades de atención de acuerdo con
la gravedad clínica y la disponibilidad de recursos. Métodos como START utilizan criterios relacionados
con la capacidad de desplazamiento, respiración, perfusión y estado mental para realizar una clasificación
rápida, que debe actualizarse conforme evoluciona la condición del paciente (Clarkson & Williams, 2023).
De forma complementaria, las tecnologías de información favorecen el registro clínico, la transmisión de
datos y la coordinación entre organizaciones, aspectos relevantes para mantener la interoperabilidad
durante operaciones complejas (Garrido-Mancilla & Reynaldos-Grandón, 2023; Gastaldi & Horlait, 2022).
La atención sanitaria durante los desastres se desarrolla, además, dentro de un marco humanitario
que exige priorizar las necesidades de las personas afectadas y actuar conforme a principios de
humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia. Estos principios orientan la asignación de la
asistencia y procuran que las decisiones operativas respondan a criterios humanitarios y no a intereses
ajenos a la protección de las víctimas (Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos
Humanitarios, 2022; Sphere Association, 2018). Su aplicación adquiere especial relevancia cuando
distintas instituciones nacionales e internacionales participan simultáneamente en la respuesta.
Ecuador se encuentra expuesto a múltiples amenazas naturales que pueden producir daños
humanos, materiales y funcionales, por lo que la preparación institucional constituye un elemento
fundamental de la gestión de emergencias. Los eventos hidrometeorológicos recientes han ocasionado
afectaciones importantes en viviendas, infraestructura y servicios, mientras que el fortalecimiento de
los sistemas nacionales de monitoreo y alerta temprana continúa siendo una prioridad para mejorar la
capacidad de respuesta (Banco Interamericano de Desarrollo, 2023; Secretaría Nacional de Gestión de
Riesgos, 2025). En este contexto, la planificación operativa y la disponibilidad de personal capacitado
resultan esenciales para afrontar escenarios urbanos complejos.
Dentro de estas operaciones, la búsqueda y rescate urbano requiere equipos especializados capaces
de localizar, acceder, estabilizar y extraer víctimas atrapadas en estructuras colapsadas. La experiencia
obtenida durante los terremotos de Turquía evidenció que estas intervenciones demandan evaluación
estructural, delimitación de zonas seguras, coordinación multidisciplinaria y valoración clínica
continua durante las maniobras de rescate (Pardo et al., 2023). La incorporación de médicos y personal
de emergencia permite iniciar intervenciones bajo los escombros y mantener la estabilización del
paciente durante su extracción y posterior transferencia asistencial (Celikmen et al., 2025).