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Artículo de revisión
Malnutrición e inseguridad alimentaria en Bolivia: determinantes
estructurales, desafíos y perspectivas de desarrollo
Malnutrition and food insecurity in Bolivia: structural determinants, challenges,
and development perspectives
Ximena Marisol Veliz Villca*
Universidad Técnica de Oruro
Oruro - Bolivia
velizximena37@gmail.com
https://orcid.org/0009-0003-7736-2560
*Correspondencia:
velizximena37@gmail.com
Cómo citar este artículo:
Veliz, X. (2026). Malnutrición e inseguridad
alimentaria en Bolivia: determinantes
estructurales, desafíos y perspectivas de
desarrollo. Esprint Investigación, 5(Esp.1), 364-
379.
https://doi.org/10.61347/ei.v5iEsp.1.325
Recibido: 1 de mayo de 2026
Aceptado: 12 de junio de 2026
Publicado: 23 de junio de 2026
Resumen: La malnutrición y la inseguridad alimentaria continúan siendo desafíos
estructurales de salud pública en el Estado Plurinacional de Bolivia, pese a los avances
económicos y sociales registrados durante las últimas décadas. El objetivo de este estudio
fue a
nalizar de manera integral la situación de la malnutrición y la inseguridad
alimentaria en el país, identificando sus principales determinantes sociales, económicos,
geográficos, climáticos e institucionales. Se desarrolló una investigación con enfoque
descriptivo-
analítico basada en una revisión documental sistemática de literatura
científica, informes técnicos y documentos institucionales publicados entre 2015 y 2025.
Los resultados evidenciaron una prevalencia de desnutrición del 21,8 % durante el
período 20222024, retraso del crecimiento en el 16,1 % de los niños menores de cinco
años a nivel nacional (23,7 % en áreas rurales), anemia en el 53,7 % de los niños y en el
29,9 % de las mujeres en edad reproductiva, así como inseguridad alimentaria en el 52 %
de la población. Asimismo, se identificaron marcadas desigualdades territoriales y
étnicas, observándose que la desnutrición crónica es 2,5 veces más frecuente en las zonas
rurales que en las urbanas. Bolivia registró además la puntuación más elevada del Índice
Global del Hambre entre los países sudamericanos analizados. Se concluye que estas
problemáticas responden a la interacción de factores estructurales asociados a la pobreza
rural, la vulnerabilidad climática, las desigualdades de género, las limitaciones
productivas y la fragmentación institucional, por lo que su reducción requiere
intervenciones multisectoriales, articulación interinstitucional y estrategias de
adaptación climática con enfoque territorial e intercultural.
Palabras clave: Bolivia, desnutrición crónica, determinantes sociales,
doble carga
nutricional, inseguridad alimentaria, malnutrición, seguridad alimentaria.
Abstract: Malnutrition and food insecurity continue to represent major structural public health
challenges in the Plurinational State of Bolivia, despite the economic and social progress achieved
over recent decades. The objective of this study was to comprehensively analyze the situation of
malnutrition and food insecurity in the country by identifying their main social, economic,
geographic, climatic, and institutional determinants. A descriptive-analytical approach was
employed through a systematic documentary review of scientific literature, technical reports, and
institutional documents published between 2015 and 2025. The findings revealed a malnutrition
prevalence of 21.8% during the 20222024 period, stunting affecting 16.1% of children under
five years of age nationwide (23.7% in rural areas), anemia affecting 53.7% of children and 29.9%
of women of reproductive age, and food insecurity affecting 52% of the population. Significant
territorial and ethnic disparities were also identified, with chronic malnutrition being 2.5 times
more prevalent in rural areas than in urban settings. Furthermore, Bolivia recorded the highest
Global Hunger Index score among the South American countries analyzed. The study concludes
that these challenges are driven by the interaction of structural factors related to rural poverty,
climate vulnerability, gender inequalities, productive constraints, and institutional
fragmentation. Therefore, their reduction requires sustained multisectoral interventions, stronger
interinstitutional coordination, and climate adaptation strategies grounded in territorial and
intercultural approaches
.
Keywords: Bolivia, chronic undernutrition, double burden of malnutrition, food insecurity, food
security, malnutrition, social determinants.
Copyright: Derechos de autor 2026 Ximena
Marisol Veliz Villca.
Esta obra está bajo una licencia internacional
Creative Commons Atribución-
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1. Introducción
La seguridad alimentaria y la nutrición adecuada constituyen pilares fundamentales del desarrollo
humano sostenible y derechos reconocidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y
los Objetivos de Desarrollo Sostenible [ODS], particularmente el ODS 2, denominado “Hambre Cero”.
No obstante, en América Latina y el Caribe, región que ha experimentado avances relativos en la
reducción de la subalimentación, persisten importantes brechas estructurales que limitan el ejercicio
pleno del derecho a la alimentación (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura [FAO] et al., 2025).
En este contexto, Bolivia representa un caso paradigmático de la complejidad que caracteriza a la
malnutrición en los países de ingresos medianos y bajos. A pesar de disponer de abundantes recursos
naturales y haber experimentado un período de crecimiento económico sostenido entre 2005 y 2019, el
país continúa registrando algunos de los indicadores de hambre más preocupantes de Sudamérica
(Concern Worldwide & Welthungerhilfe, 2024).
El Estado Plurinacional de Bolivia incorporó el derecho a la alimentación en la Constitución Política
del Estado de 2009 e implementó diversas estrategias orientadas a combatir la pobreza y la
malnutrición, entre ellas el Programa Multisectorial Desnutrición Cero, los programas de
transferencias sociales destinados a niños, adultos mayores y mujeres gestantes, y el Plan de Desarrollo
Económico y Social [PDES] 20212025. Sin embargo, la prevalencia de desnutrición alcanzó el 21,8 %
durante el período 20222024, situando al país en la categoría de hambre moderada según el Índice
Global del Hambre [IGH] y como el más vulnerable de Sudamérica en esta dimensión (Concern
Worldwide & Welthungerhilfe, 2024).
Paralelamente, la prevalencia de sobrepeso y obesidad mantiene una tendencia creciente, lo que
configura la denominada doble carga de la malnutrición, caracterizada por la coexistencia de déficits
nutricionales y exceso de peso dentro de una misma población, hogar o incluso individuo (Popkin et
al., 2020; Alem et al., 2023).
La comprensión de esta problemática requiere un enfoque multidimensional que trascienda los
indicadores agregados y examine las causas estructurales, la distribución territorial y étnica de los
problemas nutricionales, así como la efectividad de las respuestas institucionales implementadas. La
evidencia científica disponible señala que la malnutrición en Bolivia responde a la interacción de
múltiples factores históricos y contemporáneos, entre los que destacan la persistencia de la pobreza
rural, la vulnerabilidad de los sistemas productivos agropecuarios, la creciente exposición a los
efectos del cambio climático, las desigualdades de género y etnia, y las limitaciones asociadas a la
coherencia y eficacia de las políticas públicas (Escalante & Maisonnave, 2022; Oxfam, 2020; World
Bank, 2021).
En este marco, el presente artículo tiene como objetivo analizar de manera integral la situación de
la malnutrición y la inseguridad alimentaria en Bolivia, identificando sus principales determinantes,
la distribución territorial y poblacional de sus efectos, los indicadores estadísticos más relevantes y las
perspectivas de intervención existentes. Para ello, se desarrolló una revisión documental sistemática
de fuentes primarias y secundarias publicadas entre 2015 y 2025. Se espera que los hallazgos
contribuyan a fortalecer la formulación de políticas públicas alimentarias y nutricionales basadas en
evidencia, además de proporcionar insumos para futuras investigaciones orientadas a profundizar el
conocimiento sobre esta problemática.
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2. Desarrollo
La seguridad alimentaria se alcanza cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico,
social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que permitan satisfacer sus
necesidades alimentarias y preferencias de consumo para llevar una vida activa y saludable (FAO,
1996). Esta definición se sustenta en cuatro pilares fundamentales: disponibilidad, acceso, utilización
y estabilidad. Asimismo, la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES), desarrollada por
la FAO, permite clasificar la inseguridad alimentaria como moderada cuando las personas reducen la
calidad o cantidad de los alimentos consumidos, y como grave cuando experimentan privación
alimentaria prolongada o pasan un día completo sin ingerir alimentos (FAO et al., 2024).
La malnutrición, según la Organización Mundial de la Salud [OMS] (2024), comprende las carencias,
excesos y desequilibrios en la ingesta de energía y nutrientes. Este concepto incluye la desnutrición,
las deficiencias de micronutrientes y la sobrenutrición asociada al sobrepeso y la obesidad. La
coexistencia de estas manifestaciones dentro de una misma población, comunidad, hogar o individuo
configura la denominada doble carga de la malnutrición (DBM), fenómeno cada vez más frecuente en
países que atraviesan procesos de transición nutricional (Popkin et al., 2020; Williams et al., 2020;
Bernabé-Ortiz et al., 2022). Alem et al. (2023) señalan que la DBM está influenciada por factores
educativos, económicos y de género que interactúan de manera simultánea y acumulativa.
A escala mundial, entre 713 y 757 millones de personas padecieron subalimentación en 2023, cifra
que representa aproximadamente 152 millones más que en 2019 y refleja los efectos combinados de la
pandemia de COVID-19, los conflictos geopolíticos y el cambio climático (FAO et al., 2024). En América
Latina y el Caribe, aunque la subalimentación ha mostrado una tendencia descendente en los últimos
años, la inseguridad alimentaria moderada o grave continúa afectando a una proporción importante
de la población regional. Además, persisten marcadas brechas de género y una creciente prevalencia
de sobrepeso y obesidad, factores que evidencian la complejidad actual de la malnutrición en la región
(FAO et al., 2023; UNICEF, 2019; WFP, 2023).
Musyoki et al. (2022) y Dossa y Miassi (2025) documentan que la inseguridad alimentaria, la pobreza
y el cambio climático mantienen una relación bidireccional y acumulativa que dificulta el
cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En Bolivia, esta interacción se ve agravada
por elevados niveles de vulnerabilidad climática y persistentes desigualdades étnicas y territoriales
(Escalante & Maisonnave, 2022; Oxfam, 2020).
La literatura académica sobre seguridad alimentaria en Bolivia aborda múltiples dimensiones.
Desde la perspectiva productiva, el World Bank (2021) identifica como principales limitaciones del
sistema agropecuario boliviano los elevados costos de producción, las deficiencias de infraestructura,
las desigualdades en el acceso a la tierra y la condición mediterránea del país. Por su parte, Escalante
y Maisonnave (2022) demuestran que los desastres climáticos reducen la disponibilidad de alimentos,
incrementan las importaciones agropecuarias y afectan el empleo, con impactos particularmente
severos sobre las mujeres rurales.
Desde la dimensión nutricional, diversos estudios evidencian la persistencia de problemas
asociados a la anemia, la desnutrición y la doble carga nutricional. Miranda et al. (2015) documentan
la presencia de anemia y retraso del crecimiento en escolares de zonas periurbanas de Sucre. Asimismo,
Jones et al. (2018) identifican una mayor probabilidad de coexistencia entre sobrepeso y desnutrición
en áreas periurbanas, fenómeno asociado a procesos de transición alimentaria y cambios en los
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patrones de consumo. Complementariamente, Williams et al. (2020) y Bernabé-Ortiz et al. (2022)
aportan evidencia sobre la coexistencia de obesidad y deficiencias de micronutrientes en mujeres de
países de ingresos bajos y medianos.
En el ámbito de las políticas públicas, el Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2017)
destaca la importancia de integrar acciones nutricionales y productivas en el Programa Multisectorial
Desnutrición Cero. Del mismo modo, el Instituto Nacional de Estadística de Bolivia [INE] (2019)
documenta avances en la reducción de la desnutrición crónica infantil, aunque persisten desafíos
relacionados con la anemia, el sobrepeso y la promoción de la lactancia materna exclusiva.
La vulnerabilidad climática constituye otro elemento central para comprender la seguridad
alimentaria en Bolivia. Oxfam (2020) sostiene que el cambio climático actúa como un multiplicador de
amenazas para las poblaciones rurales e indígenas más vulnerables. Entre sus principales efectos se
encuentran la disminución de la seguridad alimentaria, la reducción de la disponibilidad hídrica por
retroceso glaciar, el incremento de eventos extremos, la expansión de enfermedades vectoriales y el
aumento de incendios forestales. Estos hallazgos son consistentes con los resultados de Dossa y Miassi
(2025), quienes evidencian que las poblaciones rurales con menores capacidades de adaptación son las
más afectadas por la interacción entre cambio climático e inseguridad alimentaria.
El Programa Mundial de Alimentos [WFP] (2023) identifica a Bolivia como uno de los países
latinoamericanos más expuestos a fenómenos climáticos extremos. Asimismo, el World Bank (2021)
proyecta reducciones significativas en los rendimientos de cultivos estratégicos como la papa y la
quinua bajo distintos escenarios de cambio climático, lo que podría comprometer la disponibilidad
alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas de subsistencia rural.
3. Metodología
La investigación se desarrolló mediante un enfoque descriptivo-analítico sustentado en una revisión
documental de fuentes primarias y secundarias. El estudio integró el análisis de indicadores
cuantitativos relacionados con la seguridad alimentaria y la nutrición, junto con la interpretación
cualitativa de la evidencia científica disponible sobre la problemática en Bolivia.
Se trató de una investigación no experimental de tipo documental, orientada a sintetizar y analizar
la producción científica, los informes técnicos y los documentos institucionales vinculados con la
malnutrición y la inseguridad alimentaria en Bolivia. El período de análisis comprendió publicaciones
difundidas entre 2015 y 2025; no obstante, también se incorporaron documentos previos considerados
fundamentales para la comprensión teórica y contextual del fenómeno estudiado (Moher et al., 2009;
Liberati et al., 2009).
La búsqueda de información se realizó en publicaciones de la Organización de las Naciones Unidas
para la Alimentación y la Agricultura [FAO], el Programa Mundial de Alimentos [WFP], el Fondo de
las Naciones Unidas para la Infancia [UNICEF], la Organización Panamericana de la Salud [OPS], la
Organización Mundial de la Salud [OMS], el Banco Mundial y el Instituto Nacional de Estadística de
Bolivia [INE]. Asimismo, se consideraron artículos científicos publicados en revistas indexadas,
informes técnicos elaborados por organismos internacionales y documentos de política pública
emitidos por el Estado boliviano.
La información recopilada fue organizada y sistematizada mediante matrices temáticas que
facilitaron la identificación de patrones, convergencias y discrepancias entre las distintas fuentes
consultadas. Posteriormente, los indicadores cuantitativos fueron contrastados y triangulados para
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fortalecer la consistencia de los datos analizados. Como resultado del proceso de síntesis, se elaboraron
cuatro tablas comparativas que resumen los principales indicadores nutricionales, la distribución
territorial de la desnutrición, la posición relativa de Bolivia en el contexto regional y los determinantes
estructurales asociados a la inseguridad alimentaria.
Entre las principales limitaciones del estudio se identificaron la disponibilidad limitada de
información desagregada por etnia, género y municipio, así como la heterogeneidad metodológica de
los instrumentos empleados por las diferentes instituciones productoras de datos. Estas restricciones
fueron consideradas durante la interpretación de los resultados y la formulación de las conclusiones.
4. Resultados
Indicadores nutricionales y de inseguridad alimentaria
Los datos consolidados procedentes de las fuentes más recientes evidencian que Bolivia presenta uno
de los perfiles nutricionales más complejos de América del Sur, caracterizado por la coexistencia de
desnutrición, anemia, inseguridad alimentaria y un incremento sostenido del sobrepeso y la obesidad.
La tabla 1 resume los principales indicadores relacionados con la malnutrición y la inseguridad
alimentaria registrados durante el período 2022-2024.
Tabla 1
Indicadores de malnutrición e inseguridad alimentaria en Bolivia (2022-2024)
Indicador
Valor
nacional
Año/Período Fuente
Puntuación del Índice Global del Hambre
(IGH)
21,8 puntos 2022–2024 Concern Worldwide & Welthungerhilfe (2024)
Desnutrición crónica en menores de 5 años
(nacional)
16,1 % 2022
WFP (2023); Ministerio de Salud y Deportes
de Bolivia (2022)
Desnutrición crónica en menores de 5 años
(área rural)
23,7 % 2022 WFP (2023); Fondation Simón I. Patiño (2025)
Emaciación infantil (wasting) 1,4 % 2022–2024 Concern Worldwide & Welthungerhilfe (2024)
Anemia en menores de 5 años 53,7 % 2022 WFP (2023); Plan Estratégico País 2023–2027
Anemia en mujeres de 15 a 49 años 29,9 % 2022 WFP (2023); Plan Estratégico País 2023–2027
Inseguridad alimentaria total 52,0 % 2022 WFP (2023)
Inseguridad alimentaria grave 11,0 % 2022 WFP (2023)
Sobrepeso y obesidad en menores de 5 años 10,1 % 2022
Ministerio de Salud y Deportes de Bolivia
(2022)
Mortalidad en menores de 5 años (por cada
1.000 nacidos vivos)
23 por 1.000 2022–2024 Concern Worldwide & Welthungerhilfe (2025)
Nota. Elaboración propia a partir de datos reportados por Concern Worldwide y Welthungerhilfe (2024, 2025), Programa Mundial de
Alimentos (WFP, 2023), Ministerio de Salud y Deportes de Bolivia (2022), Fondation Simón I. Patiño (2025) y Plan Estratégico País 20232027.
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El Índice Global del Hambre reportó para Bolivia una puntuación de 21,8 puntos durante el período
2022-2024, ubicando al país en la categoría de hambre moderada y posicionándolo como el país
sudamericano con la puntuación más elevada dentro de esta clasificación (Concern Worldwide &
Welthungerhilfe, 2024). Aunque este resultado representa una mejora respecto de los valores
observados en décadas anteriores, el ritmo de reducción continúa siendo insuficiente para alcanzar las
metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030.
En términos de inseguridad alimentaria, los datos de la Escala de Experiencia de Inseguridad
Alimentaria indican que aproximadamente el 52 % de la población boliviana experimentó algún grado
de inseguridad alimentaria durante el período analizado. De este total, una proporción significativa
enfrentó condiciones severas de acceso a los alimentos, situación que afectó a más de dos millones de
personas y evidenció la persistencia de importantes brechas socioeconómicas y territoriales (WFP,
2023).
La anemia constituyó uno de los principales problemas nutricionales del país. Los registros
disponibles muestran una prevalencia de 53,7 % en niños menores de cinco años y de 29,9 % en mujeres
de 15 a 49 años, niveles considerablemente superiores a los observados en otros países de América
Latina y el Caribe (WFP, 2023). Esta situación refleja la persistencia de deficiencias nutricionales
asociadas tanto a condiciones de pobreza como a limitaciones en el acceso a dietas diversificadas y de
calidad.
Paralelamente, la desnutrición crónica continuó afectando a una proporción importante de la
población infantil. A escala nacional, la prevalencia alcanzó el 16,1 % en menores de cinco años,
mientras que en las áreas rurales ascendió al 23,7 %, lo que evidencia marcadas desigualdades
territoriales. Por otra parte, la prevalencia de emaciación infantil se mantuvo relativamente baja (1,4
%), aunque la persistencia de elevados niveles de retraso del crecimiento continúa representando un
desafío prioritario para las políticas públicas orientadas a la niñez.
Los indicadores relacionados con el sobrepeso y la obesidad muestran que Bolivia enfrenta una
doble carga de la malnutrición. Mientras persisten problemas asociados a la desnutrición y a las
deficiencias de micronutrientes, el 10,1 % de los niños menores de cinco años presenta sobrepeso u
obesidad. Esta coexistencia de déficits y excesos nutricionales confirma la complejidad del panorama
alimentario boliviano y la necesidad de implementar estrategias integrales que aborden
simultáneamente ambas problemáticas.
Distribución departamental de la desnutrición crónica
La distribución territorial de la desnutrición crónica evidencia importantes desigualdades entre los
departamentos de Bolivia. La tabla 2 presenta una comparación de los resultados obtenidos en las
Encuestas de Demografía y Salud (EDSA) de 2008 y 2016, última fuente nacional disponible con
desagregación departamental para este indicador.
Los datos muestran que todos los departamentos registraron reducciones en la prevalencia de
desnutrición crónica durante el período analizado. A nivel nacional, el indicador disminuyó de 27,0 %
en 2008 a 16,0 % en 2016, lo que representa una reducción de 11 puntos porcentuales. Los mayores
descensos se observaron en Potosí (-14,0 puntos porcentuales) y Chuquisaca (-12,9 puntos
porcentuales), seguidos por Oruro (-9,7 puntos porcentuales) y Cochabamba (-8,6 puntos
porcentuales).
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A pesar de estos avances, las brechas territoriales continuaron siendo significativas. En 2016, Potosí
registró una prevalencia de desnutrición crónica de 29,8 %, mientras que Chuquisaca alcanzó 22,1 %.
Estos valores se ubicaron considerablemente por encima del promedio nacional, evidenciando la
persistencia de condiciones estructurales desfavorables en determinadas regiones del país.
La concentración de mayores niveles de desnutrición crónica en los departamentos del altiplano y
los valles andinos es consistente con la presencia de elevados índices de pobreza rural, una importante
proporción de población indígena y limitaciones en el acceso a servicios básicos de salud, agua potable
y saneamiento (INE, 2019; Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 2017). Estos factores han
sido identificados de manera recurrente como determinantes estructurales de la inseguridad
alimentaria y la malnutrición.
En contraste, Santa Cruz, Pando y Beni registraron los niveles más bajos de desnutrición crónica
durante el período analizado. Estos departamentos presentan mayores niveles de urbanización y
mejores indicadores socioeconómicos relativos, lo que podría favorecer una mayor disponibilidad y
acceso a alimentos, así como mejores condiciones para la atención de la salud y el desarrollo infantil.
Tabla 2
Prevalencia de desnutrición crónica en menores de cinco años por departamento de Bolivia, 2008 y 2016
Departamento 2008 (%) 2016 (%) Variación (puntos porcentuales)
Potosí 43,8 29,8 -14,0
Chuquisaca 35,0 22,1 -12,9
Oruro 30,2 20,5 -9,7
La Paz 19,3 14,7 -4,6
Cochabamba 22,5 13,9 -8,6
Tarija 16,1 10,2 -5,9
Santa Cruz 8,9 7,3 -1,6
Beni 12,4 9,1 -3,3
Pando 10,2 7,8 -2,4
Bolivia (total nacional) 27,0 16,0 -11,0
Nota. Elaboración propia a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia [INE] (2019) y la Agencia de Noticias Fides
[ANF] (2019). La variación se expresa en puntos porcentuales entre 2008 y 2016.
La comparación regional evidencia una marcada brecha entre Bolivia y el resto de los países
sudamericanos. Como se observa en la tabla 3, Bolivia registró una puntuación de 21,8 en el Índice
Global del Hambre, ubicándose en la categoría de hambre grave y constituyéndose en el país con el
peor desempeño relativo de Sudamérica según este indicador (Concern Worldwide &
Welthungerhilfe, 2024).
Mientras que Chile y Uruguay presentaron puntuaciones inferiores a cinco puntos,
correspondientes a niveles bajos de hambre, Bolivia superó ampliamente a los demás países de la
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región. Su puntuación fue más del doble de la registrada por Venezuela (9,6) y más de tres veces
superior a la observada en Argentina y Brasil (6,4), lo que refleja la persistencia de importantes desafíos
en materia de seguridad alimentaria y nutricional.
Esta posición desfavorable se relaciona con la elevada prevalencia de subalimentación, los
persistentes niveles de desnutrición crónica infantil y la alta incidencia de anemia en grupos
vulnerables, particularmente niños menores de cinco años y mujeres en edad reproductiva. Asimismo,
los indicadores de retraso del crecimiento infantil y emaciación continúan situándose por encima de
los promedios observados en gran parte de América Latina (Concern Worldwide & Welthungerhilfe,
2024; FAO et al., 2024).
Los resultados sugieren que, a pesar de los avances alcanzados en las últimas décadas, Bolivia
mantiene rezagos estructurales que limitan la reducción sostenida del hambre y la malnutrición,
especialmente en las zonas rurales y en los departamentos con mayores niveles de pobreza.
Tabla 3
Bolivia en el contexto sudamericano según el Índice Global del Hambre (IGH)
País Puntuación IGH Categoría Subalimentación (%)
Chile < 5,0 Baja 2,5
Uruguay < 5,0 Baja 2,7
Paraguay 5,2 Baja 5,0
Colombia 6,1 Moderada 5,8
Argentina 6,4 Moderada 3,2
Brasil 6,4 Moderada 3,4
Perú 7,2 Moderada 6,1
Venezuela 9,6 Moderada 8,2
Ecuador 10,9 Moderada 8,7
Bolivia 21,8 Grave 21,8
Nota. Elaboración propia a partir de Concern Worldwide y Welthungerhilfe (2024). IGH = Índice Global del Hambre. La categoría corresponde
a la clasificación oficial del Global Hunger Index.
Determinantes estructurales de la inseguridad alimentaria
La evidencia recopilada muestra que la inseguridad alimentaria en Bolivia responde a la interacción
de múltiples factores estructurales de naturaleza económica, geográfica, climática, sociocultural e
institucional. Como se observa en la tabla 4, la pobreza rural y la desigualdad en la distribución de los
ingresos continúan limitando el acceso económico a alimentos suficientes y nutritivos, especialmente
en los hogares más vulnerables.
Las condiciones geográficas del país también desempeñan un papel relevante. La dispersión
territorial de numerosas comunidades rurales, junto con las limitaciones de infraestructura y
conectividad, dificulta el acceso regular a mercados, servicios de salud y redes de abastecimiento
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alimentario. Estas restricciones son particularmente visibles en regiones alejadas del altiplano y de la
Amazonía boliviana.
Por otra parte, los efectos del cambio climático han incrementado la vulnerabilidad de los sistemas
productivos agropecuarios. La recurrencia de sequías, inundaciones y eventos climáticos extremos
afecta la producción de alimentos y compromete la estabilidad de los medios de vida rurales. A ello se
suman desigualdades étnicas y de género que amplifican los riesgos de inseguridad alimentaria en
comunidades indígenas y hogares encabezados por mujeres.
La limitada productividad agrícola, la fragmentación de las unidades productivas y las dificultades
en la implementación de políticas públicas contribuyen a mantener condiciones estructurales que
obstaculizan el logro de una seguridad alimentaria sostenible. Estos resultados evidencian que la
reducción de la malnutrición en Bolivia requiere intervenciones integrales que aborden
simultáneamente los factores económicos, sociales, ambientales e institucionales que condicionan el
acceso a una alimentación adecuada.
Tabla 4
Determinantes estructurales de la inseguridad alimentaria en Bolivia
Dimensión Factores determinantes Evidencia e indicadores clave
Económica
Pobreza rural, desigualdad de ingresos y
limitaciones en el acceso económico a los alimentos
Persistencia de elevados niveles de pobreza rural y
coeficiente de Gini cercano a 0,48
Geográfica
Aislamiento territorial, infraestructura vial
insuficiente y condición mediterránea del país
Dificultades de acceso físico a mercados y servicios
en comunidades rurales dispersas
Climática
Sequías, inundaciones, heladas y efectos del cambio
climático
Incremento proyectado de 22 % en la
vulnerabilidad al hambre hacia 2050
Étnica-
cultural
Alta proporción de población indígena y barreras
de acceso lingüístico y territorial
Mayores niveles de pobreza y desnutrición en
comunidades indígenas y rurales
Género
Desigualdades económicas, laborales y de acceso a
recursos productivos
Mayor prevalencia de inseguridad alimentaria en
mujeres y persistencia de brechas de género
Productiva
Predominio de sistemas agropecuarios de
subsistencia y baja productividad agrícola
Fragmentación de la propiedad rural y acceso
limitado a insumos, tecnología y mercados
Institucional
Limitaciones en la coordinación, implementación y
seguimiento de políticas públicas
Persistencia de brechas entre el diseño de
programas alimentarios y sus resultados
territoriales
Nota. Elaboración propia a partir de Oxfam (2020), Programa Mundial de Alimentos [WFP] (2023), Fondo para los Objetivos de Desarrollo
Sostenible (2017), Escalante y Maisonnave (2022) y World Bank (2021).
La doble carga de la malnutrición: desnutrición y sobrenutrición
Bolivia experimenta con creciente intensidad la transición nutricional característica de los países de
ingresos medianos en proceso de urbanización. Mientras la desnutrición crónica continúa
concentrándose en las poblaciones rurales e indígenas, el sobrepeso y la obesidad muestran una
tendencia creciente en los entornos urbanos y periurbanos (Jones et al., 2018; Hemmes, 2020). Esta
coexistencia de déficits y excesos nutricionales constituye una de las manifestaciones más evidentes de
la doble carga de la malnutrición.
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Los datos disponibles indican que el 10,1 % de los niños menores de cinco años presenta sobrepeso
u obesidad (Ministerio de Salud y Deportes de Bolivia, 2022). Asimismo, diversos estudios señalan que
los cambios en los patrones alimentarios, el aumento del consumo de productos ultraprocesados y la
transformación de los sistemas alimentarios asociados al proceso de urbanización han contribuido al
incremento sostenido del exceso de peso en distintos grupos poblacionales.
El Programa Mundial de Alimentos [WFP] (2023) ha documentado los costos económicos y sociales
asociados a la doble carga de la malnutrición en Bolivia, información que ha servido de base para el
diseño de estrategias orientadas a abordar simultáneamente la desnutrición, las deficiencias de
micronutrientes y el sobrepeso. Estas iniciativas reconocen la necesidad de adoptar enfoques integrales
que consideren tanto la disponibilidad de alimentos como la calidad nutricional de las dietas.
Desde la perspectiva científica, Popkin et al. (2020) y Williams et al. (2020) sostienen que la doble
carga de la malnutrición no constituye simplemente la suma de dos problemas independientes, sino
un fenómeno complejo caracterizado por la interacción de factores biológicos, sociales y económicos.
En consecuencia, su abordaje requiere políticas públicas integradas que actúen simultáneamente sobre
los determinantes de la desnutrición y del exceso de peso.
Respuestas institucionales y programáticas
Las intervenciones implementadas en Bolivia para enfrentar la malnutrición y la inseguridad
alimentaria han combinado estrategias nutricionales, productivas e institucionales. Entre las
experiencias más relevantes destaca el Programa Multisectorial Desnutrición Cero, desarrollado en
municipios de alta vulnerabilidad de Cochabamba y Chuquisaca. Esta iniciativa integró acciones
nutricionales con programas agropecuarios y fortaleció las capacidades de gestión local para mejorar
la atención de la población infantil en riesgo (Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 2017).
De manera complementaria, el Programa Mundial de Alimentos [WFP] ejecuta el Plan Estratégico
País 20232027, orientado a fortalecer la seguridad alimentaria mediante transferencias dirigidas a
hogares vulnerables, el fortalecimiento de la resiliencia de agricultores familiares e indígenas frente al
cambio climático y el apoyo a los sistemas nacionales de información y formulación de políticas
públicas (WFP, 2023).
Los resultados reportados indican avances en la ampliación de la cobertura de atención a
poblaciones vulnerables, la construcción de infraestructura para el acceso al agua y el fortalecimiento
de la conectividad digital en comunidades rurales, acciones que buscan mejorar tanto la producción
como el acceso a los alimentos (WFP, 2023; The Borgen Project, 2024).
Asimismo, la Fondation Simón I. Patiño desarrolla programas especializados de recuperación
nutricional infantil en la ciudad de El Alto. Durante 2023, estas intervenciones beneficiaron a más de
1.200 niños con problemas de desnutrición mediante un enfoque integral que combinó atención
médica, seguimiento nutricional y acompañamiento familiar, contribuyendo a mejorar el crecimiento
físico y diversos indicadores del desarrollo infantil (Fondation Simón I. Patiño, 2025).
En conjunto, la evidencia sugiere que las intervenciones más efectivas son aquellas que integran
componentes nutricionales, productivos, sociales e institucionales. No obstante, la persistencia de
elevados niveles de anemia, inseguridad alimentaria y desnutrición crónica indica la necesidad de
ampliar la cobertura, fortalecer la coordinación interinstitucional y consolidar estrategias de largo
plazo orientadas a reducir las desigualdades territoriales y poblacionales existentes.
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5. Discusión
Los resultados obtenidos evidencian que la malnutrición y la inseguridad alimentaria en Bolivia
constituyen fenómenos multidimensionales asociados a estructuras persistentes de desigualdad,
pobreza y exclusión social. A pesar de los avances económicos observados durante el período 2005
2019, Bolivia continúa registrando los indicadores de hambre más desfavorables de Sudamérica, lo que
sugiere que el crecimiento económico, por sí solo, resulta insuficiente para garantizar mejoras
sostenidas en la situación nutricional de la población.
Este hallazgo coincide con lo reportado por Dossa y Miassi (2025), quienes identifican que la
reducción de la inseguridad alimentaria depende no solamente del desempeño económico agregado,
sino también de la capacidad de las políticas públicas para disminuir las desigualdades territoriales y
sociales. En este sentido, los resultados muestran que las brechas entre áreas rurales y urbanas
continúan siendo uno de los principales desafíos para la seguridad alimentaria en Bolivia.
La elevada prevalencia de desnutrición crónica observada en departamentos con predominio de
población rural e indígena evidencia la persistencia de factores estructurales asociados a la pobreza,
las limitaciones de acceso a servicios básicos y las desigualdades territoriales. Estos resultados son
consistentes con la literatura internacional, que señala que los grupos históricamente excluidos suelen
presentar mayores niveles de vulnerabilidad alimentaria y nutricional (FAO et al., 2024).
Asimismo, los hallazgos sugieren que las estrategias universales pueden resultar insuficientes
cuando no incorporan enfoques territorialmente diferenciados y culturalmente pertinentes. En este
contexto, las iniciativas orientadas a fortalecer sistemas alimentarios locales y promover la
participación de comunidades indígenas adquieren especial relevancia para mejorar la sostenibilidad
de las intervenciones y favorecer su apropiación social (WFP, 2023).
La doble carga de la malnutrición emerge como uno de los desafíos más complejos para la política
alimentaria boliviana. La coexistencia de desnutrición crónica, anemia y deficiencias de
micronutrientes con el incremento progresivo del sobrepeso y la obesidad refleja una transición
nutricional incompleta y heterogénea. Mientras determinados grupos poblacionales continúan
enfrentando restricciones de acceso a alimentos suficientes y nutritivos, otros experimentan cambios
acelerados en los patrones de consumo asociados a la urbanización y a la creciente disponibilidad de
alimentos ultraprocesados.
Estos resultados son coherentes con los planteamientos de Popkin et al. (2020), Williams et al. (2020)
y Alem et al. (2023), quienes sostienen que la doble carga de la malnutrición constituye un fenómeno
complejo que combina determinantes biológicos, sociales, económicos y ambientales. En consecuencia,
las intervenciones orientadas exclusivamente a reducir la desnutrición o únicamente a prevenir la
obesidad presentan limitaciones para abordar de manera integral esta problemática.
Otro aspecto relevante identificado en esta investigación es el papel del cambio climático como
factor amplificador de la inseguridad alimentaria. Las evidencias revisadas muestran que las sequías,
inundaciones y eventos climáticos extremos afectan de forma directa la producción agropecuaria, la
disponibilidad de alimentos y los medios de vida de las poblaciones rurales. Esta situación resulta
especialmente preocupante debido a que las proyecciones indican un incremento de la vulnerabilidad
alimentaria durante las próximas décadas (WFP, 2023).
Los resultados coinciden con los hallazgos de Escalante y Maisonnave (2022), quienes demuestran
que las estrategias de adaptación climática pueden reducir significativamente los efectos de los
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desastres naturales sobre la seguridad alimentaria. Del mismo modo, Oxfam (2020) destaca que Bolivia
enfrenta una situación de vulnerabilidad particularmente compleja debido a que soporta impactos
severos del cambio climático pese a su escasa contribución histórica a las emisiones globales, lo que
introduce una dimensión de justicia climática en el análisis de esta problemática.
Desde la perspectiva de las políticas públicas, los resultados sugieren que uno de los principales
desafíos radica en la limitada articulación entre los distintos sectores involucrados en la seguridad
alimentaria y nutricional. Aunque Bolivia dispone de marcos normativos, programas específicos y
planes de desarrollo orientados a combatir la malnutrición, la persistencia de indicadores
desfavorables evidencia dificultades relacionadas con la implementación, coordinación y
sostenibilidad de las intervenciones.
La experiencia del Programa Multisectorial Desnutrición Cero demuestra el potencial de las
estrategias que integran acciones nutricionales, agrícolas e institucionales. Sin embargo, la magnitud
del problema requiere ampliar la cobertura de estas iniciativas y fortalecer los mecanismos de
monitoreo y evaluación para determinar con mayor precisión su impacto sobre la población objetivo
(Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 2017).
Esta revisión pone de manifiesto la necesidad de generar evidencia más robusta sobre la efectividad
de las intervenciones implementadas en Bolivia. En concordancia con las recomendaciones
metodológicas planteadas por Moher et al. (2009) y Liberati et al. (2009), futuras investigaciones
deberían incorporar evaluaciones rigurosas de impacto y análisis longitudinales que permitan
identificar las estrategias más efectivas para reducir simultáneamente la inseguridad alimentaria, la
desnutrición y la creciente prevalencia del sobrepeso y la obesidad.
6. Conclusiones
El presente estudio permitió analizar de manera integral la situación de la malnutrición y la
inseguridad alimentaria en Bolivia mediante la revisión y síntesis de evidencia científica, estadística e
institucional reciente. Los resultados evidencian que ambas problemáticas continúan representando
desafíos prioritarios para el desarrollo humano y la salud pública del país, debido a su carácter
multidimensional y a la interacción de factores económicos, sociales, territoriales, ambientales y
culturales.
Los hallazgos muestran que Bolivia mantiene una situación nutricional más desfavorable que la del
resto de los países sudamericanos, caracterizada por la coexistencia de desnutrición crónica infantil,
elevadas tasas de anemia y un incremento progresivo del sobrepeso y la obesidad. Esta doble carga de
la malnutrición refleja una transición nutricional heterogénea y plantea la necesidad de implementar
estrategias integrales capaces de abordar simultáneamente los déficits y excesos nutricionales
presentes en la población.
Asimismo, se identificó que las desigualdades territoriales, étnicas y socioeconómicas continúan
siendo determinantes centrales de la inseguridad alimentaria. Las poblaciones rurales e indígenas
concentran los indicadores más críticos de desnutrición y presentan mayores limitaciones de acceso a
servicios básicos, oportunidades económicas y sistemas alimentarios resilientes. Estos resultados
sugieren que las intervenciones universales deben complementarse con políticas focalizadas que
respondan a las particularidades culturales y territoriales de los grupos más vulnerables.
La evidencia revisada también permitió constatar que el cambio climático constituye uno de los
principales factores emergentes que amenazan la seguridad alimentaria en Bolivia. La creciente
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frecuencia de sequías, inundaciones y otros eventos extremos incrementa la vulnerabilidad de los
sistemas productivos rurales y profundiza las condiciones de inseguridad alimentaria. En
consecuencia, la adaptación climática debe incorporarse como un componente transversal de las
políticas agrícolas, nutricionales y de protección social.
Por otra parte, el análisis destacó el papel de las desigualdades de género como un factor que
amplifica los efectos de la inseguridad alimentaria y la malnutrición. Las mujeres rurales desempeñan
funciones esenciales en la producción de alimentos y en la gestión de la alimentación familiar; sin
embargo, continúan enfrentando restricciones en el acceso a recursos productivos, asistencia técnica y
oportunidades económicas. Este hallazgo refuerza la necesidad de incorporar un enfoque de género
en el diseño, implementación y evaluación de las políticas alimentarias.
Los resultados también evidencian que las experiencias más prometedoras son aquellas que
integran componentes nutricionales, productivos, sociales, ambientales e institucionales. Programas
como el Multisectorial Desnutrición Cero y diversas iniciativas impulsadas por organismos nacionales
e internacionales demuestran que la articulación intersectorial, la participación comunitaria y el
fortalecimiento de las capacidades locales constituyen elementos clave para mejorar la efectividad y
sostenibilidad de las intervenciones.
En términos de política pública, los hallazgos sugieren que la reducción sostenible de la
malnutrición requiere fortalecer la coordinación interinstitucional, ampliar la cobertura de las
intervenciones dirigidas a grupos vulnerables, mejorar los sistemas de información territorial y
consolidar mecanismos de monitoreo y evaluación basados en evidencia. Asimismo, resulta
fundamental incrementar la inversión en seguridad alimentaria y nutricional, adaptación climática y
desarrollo rural para reducir las brechas persistentes entre regiones y grupos poblacionales.
Futuras investigaciones deberían profundizar en el análisis de las desigualdades nutricionales a
escala municipal, evaluar rigurosamente el impacto de las políticas implementadas y examinar los
efectos de largo plazo de la desnutrición y la inseguridad alimentaria sobre el desarrollo humano. Del
mismo modo, resulta necesario generar mayor evidencia sobre las estrategias de adaptación climática
más efectivas para fortalecer la resiliencia de los sistemas alimentarios campesinos e indígenas. La
cooperación internacional puede desempeñar un papel complementario en este proceso; sin embargo,
la garantía efectiva del derecho a la alimentación continuará dependiendo principalmente de la
capacidad del Estado boliviano para diseñar e implementar políticas públicas integrales, sostenibles y
basadas en evidencia.
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Transparencia
Conflicto de interés
El autor declara que no existen conflictos de interés de naturaleza alguna como parte de la presente
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Fuente de financiamiento
El autor financia completamente la investigación.
Contribución de autoría
Ximena Marisol Veliz Villca: Conceptualización, metodología, software, validación, análisis formal,
investigación, gestión de datos, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción
- revisión y edición, financiamiento, administración del proyecto, recursos, supervisión.
El autor intervino de manera activa en el análisis de los resultados, revisión y aprobación del texto final
del artículo.