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ISSN: 2960-8317
Vol. 4 2, julio-diciembre 2025 (424-436)
424
Artículo de revisión
Efectos de los juegos motores en el desarrollo socioemocional
durante la etapa preescolar
Effects of motor play on socioemotional development during the preschool stage
Evelyn Mishell Poma Hernández*
Escuela de Educación Inicial Pequeño Paraíso
Riobamba - Ecuador
ph.mishell@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-2245-4112
Dina Lucia Chicaiza Sinchi
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
dina.chicaiza@unach.edu.ec
https://orcid.org/0000-0003-3552-1300
Ramón Fernando Bayas Machado
Universidad Nacional de Chimborazo
Riobamba - Ecuador
rbayas@unach.edu.ec
https://orcid.org/0009-0006-4733-9118
*Correspondencia:
ph.mishell@gmail.com
Cómo citar este artículo:
Poma, E., Chicaiza, D., & Bayas, R. (2025).
Efectos de los juegos motores en el
desarrollo socioemocional durante la etapa
preescolar. Esprint Investigación, 4(2), 424-
436.
https://doi.org/10.61347/ei.v4i2.186
Recibido: 6 de octubre de 2025
Aceptado: 7 de noviembre de 2025
Publicado: 14 de noviembre de 2025
Resumen: El desarrollo socioemocional en la infancia constituye un componente esencial
en la formación integral y en la preparación para la escolaridad, al articular dimensiones
emocionales, cognitivas, sociales y conductuales que sustentan la adaptación y el
bienestar infantil. En este marco, el juego adquiere un valor pedagógico estratégico al
facilitar procesos de identificación, expresión y regulación de emociones, promover la
empatía y fortalecer las habilidades interpersonales. Entre las distintas modalidades
lúdicas, los juegos motores destacan por su capacidad para integrar regulación corporal,
interacción social y normas compartidas en contextos inclusivos y accesibles. La
evidencia analizada muestra que su implementación sistemática favorece la
autorregulación emocional, el control inhibitorio, la cooperación entre pares y la cohesión
grupal, lo que repercute positivamente en el clima socioeducativo y en las trayectorias
de aprendizaje. Además, estos aprendizajes se transfieren a situaciones cotidianas de
aula, fortaleciendo la convivencia escolar, la participación activa y la adaptación a rutinas
y demandas académicas. Su efectividad se asocia con la intencionalidad pedagógica
clara, el acompañamiento adulto sensible y la evaluación formativa continua, así como
con factores contextuales que incluyen la participación familiar y la disponibilidad de
espacios adecuados. Los juegos motores, por su versatilidad y bajo costo, constituyen
una herramienta pedagógica con alto potencial de impacto y transferibilidad, capaz de
contribuir de manera sostenida al desarrollo socioemocional y a la consolidación de
entornos educativos equitativos, seguros y emocionalmente predecibles.
Palabras clave: Aprendizaje lúdico, desarrollo socioemocional, educación, juegos
motores.
Abstract: Socioemotional development in childhood is an essential component of holistic
education and school readiness, as it integrates emotional, cognitive, social, and behavioral
dimensions that support children’s adaptation and overall well-being. Within this framework,
play acquires strategic pedagogical value by facilitating processes of emotional identification,
expression, and regulation, promoting empathy, and strengthening interpersonal skills. Among
the various forms of play, motor games stand out for their ability to integrate bodily regulation,
social interaction, and shared norms in inclusive and accessible contexts. The analyzed evidence
shows that their systematic implementation fosters emotional self-regulation, inhibitory control,
peer cooperation, and group cohesion, which positively influence the socioeducational climate and
learning trajectories. Furthermore, these skills transfer to everyday classroom situations,
strengthening school coexistence, active participation, and adaptation to routines and academic
demands. Their effectiveness is associated with clear pedagogical intentionality, sensitive adult
guidance, and continuous formative assessment, as well as contextual factors such as family
involvement and the availability of adequate spaces. Due to their versatility and low cost, motor
games represent a pedagogical tool with high potential for impact and transferability, capable of
contributing sustainably to socioemotional development and the consolidation of equitable, safe,
and emotionally predictable educational environments.
Keywords: Education, motor play, playful learning, socioemotional development.
Copyright: Derechos de autor 2025 Evelyn
Mishell Poma Hernández,
Dina Lucia
Chicaiza Sinchi, Ramón Fernando Bayas
Machado.
Esta obra está bajo una licencia internacional
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1. Introducción
El desarrollo psicoemocional en la infancia es un proceso progresivo y multidimensional que integra
lo emocional, lo cognitivo, lo social y lo conductual, en el que niñas y niños aprenden a identificar,
comprender, nombrar, comunicar y regular lo que sienten a medida que interactúan con su entorno
inmediato y ampliado, lo que impacta su adaptación escolar y su bienestar general (Bolaños, 2020).
Este proceso emerge de la confluencia entre la maduración neurobiológica, las experiencias
relacionales y las oportunidades de participación significativa, y se manifiesta en competencias
observables como la autorregulación, la empatía, el autoconcepto y las habilidades para la convivencia
(Jiménez et al., 2025).
Diversos marcos teóricos iluminan la construcción de estas competencias desde la primera infancia
y muestran que no surgen de manera espontánea, sino que se aprenden en contextos de corregulación
y mediación social, donde el adulto y los pares ofrecen guía, lenguaje y modelos de actuación que se
internalizan con la práctica situada (Vygotsky, 2014). La seguridad afectiva que brindan los vínculos
tempranos favorece la exploración del ambiente y el ajuste de estados internos, lo que habilita
trayectorias de aprendizaje más estables y flexibles en la escolaridad y fuera de ella (Arteaga et al.,
2025).
En este entramado, el juego ocupa un lugar privilegiado como vehículo pedagógico y de salud,
porque reduce la carga cognitiva, facilita la expresión emocional y ofrece un espacio simbólico para
ensayar roles, negociar reglas y reparar errores, generando retroalimentación inmediata y
oportunidades de práctica deliberada con sentido para el niño (Reig & Jauli, 2010). El juego simbólico
favorece la adopción de perspectivas y la empatía, los juegos cooperativos impulsan la comunicación
y la resolución de conflictos, los juegos motores y al aire libre contribuyen a la modulación fisiológica,
y las experiencias sensoriales y artísticas canalizan emociones y fortalecen el control de impulsos
(Higueras & Molina, 2020).
El interés por sistematizar la evidencia sobre el desarrollo psicoemocional ha aumentado como
respuesta a la necesidad de fortalecer la prevención temprana en salud mental, mejorar la convivencia
escolar y consolidar currículos integrales que incorporen habilidades socioemocionales como parte de
los aprendizajes esperados en la escuela y en el entorno familiar (Buitrago et al., 2024). La evidencia
científica respalda que las intervenciones socioemocionales diseñadas con rigurosidad metodológica
generan mejoras sostenidas en comportamientos prosociales, actitudes positivas hacia la escuela y
rendimiento académico, al tiempo que contribuyen a reducir conductas de riesgo y problemas tanto
internalizantes como externalizantes.
En el campo del desarrollo socioemocional aún existen vacíos que dificultan traducir la evidencia
científica en orientaciones prácticas claras y aplicables a contextos educativos diversos. Superar estas
brechas es esencial para que docentes, familias y profesionales cuenten con lineamientos precisos y
evaluables que fortalezcan la práctica pedagógica y promuevan el bienestar infantil (López, 2023).
Un primer desafío es delimitar las dimensiones que estructuran el desarrollo emocional y
expresarlas en indicadores observables que permitan una evaluación formativa sistemática. Un
segundo reto es identificar juegos y actividades lúdicas con respaldo teórico y empírico, considerando
criterios de edad, frecuencia, intencionalidad, rol adulto, materiales y evidencias de logro, de modo
que puedan adaptarse a distintos contextos. Por tanto, es necesario precisar los efectos esperados del
fortalecimiento psicoemocional en diferentes horizontes temporales, contemplando impactos
emocionales, sociales, cognitivos, conductuales y académicos, así como factores moderadores
familiares, socioeconómicos y culturales (Carrasco et al. 2024; Gélvez, 2024).
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Con este horizonte, la presente investigación analiza críticamente la literatura científica reciente
sobre desarrollo psicoemocional en la infancia, situando el juego como estrategia central para la
adquisición y consolidación de competencias socioemocionales en la escuela y en el hogar. La
propuesta busca integrar hallazgos que orienten decisiones pedagógicas basadas en evidencia y
sensibles al contexto, articulando dimensiones de desarrollo, tipos de juego y efectos plausibles para
guiar el diseño, implementación y evaluación de programas educativos centrados en el bienestar
infantil.
2. Metodología
Este estudio adopta un enfoque cualitativo de revisión bibliográfica, orientado a integrar, organizar e
interpretar críticamente la evidencia disponible sobre el desarrollo socioemocional en la primera
infancia y el papel del juego como estrategia educativa y promotora de bienestar. La revisión se
estructuró en torno a la identificación de conceptos clave, la delimitación de dimensiones centrales del
desarrollo emocional y la caracterización de las principales modalidades de juego con sustento teórico
y empírico. Se recurrió a fuentes científicas relevantes que incluyen revisiones, estudios
experimentales, cuasiexperimentales, mixtos y cualitativos, priorizando aquellas que aportan
información contextualizable en entornos educativos.
La información se analizó mediante un enfoque temático que organizó los hallazgos en categorías
conceptuales y empíricas coherentes con las preguntas de investigación. Se codificaron unidades de
significado, se identificaron temas emergentes y se aplicaron criterios de calidad metodológica
centrados en consistencia conceptual, claridad de variables y pertinencia de instrumentos. Esta
estrategia permitió obtener una visión integrada que vincula dimensiones del desarrollo, estrategias
lúdicas y efectos socioemocionales en la primera infancia.
3. Desarrollo
Aspectos del desarrollo socioemocional
En la etapa preescolar, el desarrollo socioemocional se caracteriza por un avance acelerado en la
conciencia y comprensión de las emociones. Inicialmente, los niños identifican sentimientos básicos
como alegría, enojo, tristeza y miedo, para luego reconocer matices más complejos y ampliar su
vocabulario emocional. Este proceso se nutre de interacciones estables y receptivas con adultos y
compañeros, y se refleja en la transición de respuestas impulsivas hacia formas incipientes de
autorregulación y comunicación asertiva de los estados afectivos. Como resultado, se fortalecen la
adaptación al aula y la participación activa en las experiencias de aprendizaje. (Villegas et al., 2024).
La autorregulación emocional y conductual es un eje clave en la etapa preescolar, resultado de la
interacción entre funciones ejecutivas tempranas y experiencias de corregulación en entornos seguros.
En esta etapa, niñas y niños comienzan a aplicar estrategias que les permiten modular emociones,
reducir conductas desajustadas y favorecer su disposición al aprendizaje y la convivencia. El
fortalecimiento de las habilidades socioemocionales mediante estrategias pedagógicas activas, como
las actividades lúdicas y artísticas, ha demostrado contribuir significativamente al desarrollo integral
infantil y a la mejora de la práctica docente (Villegas et al., 2024).
En paralelo, se fortalecen competencias socio-relacionales como la empatía y las habilidades
prosociales como compartir, turnarse y cooperar, promovidas a través del juego simbólico y
cooperativo, donde se exploran roles, normas y perspectivas distintas. Estas experiencias lúdicas
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amplían la comprensión de las intenciones y emociones de los demás, facilitan la resolución de
conflictos y sientan las bases para vínculos de amistad más estables y recíprocos. Al mismo tiempo, se
desarrolla la autoconciencia, el autoconcepto y la autoestima, manifestados en una percepción más
diferenciada de las propias habilidades y preferencias, así como en el orgullo por los logros y una
mayor tolerancia a la frustración. La retroalimentación cálida y contingente de docentes y cuidadores,
combinada con expectativas claras y consistentes, contribuye a consolidar una identidad positiva y un
sentido de agencia, favoreciendo la perseverancia frente a los desafíos y un mejor ajuste escolar en los
primeros años de educación básica (Maridueña et al., 2025; Dávila & Atme 2025).
Estos procesos se inscriben en sistemas ecológicos interdependientes familia, escuela y comunidad
que median oportunidades, modelos y recursos para el aprendizaje socioemocional. La responsividad
del entorno, la calidad del apego y la coordinación entre agentes educativos actúan como andamiajes
para la regulación y la socialización emocional; a la inversa, la exposición a desigualdades, estresores y
entornos digitales poco regulados puede tensionar el desarrollo y requerir apoyos adicionales. De ahí la
relevancia de enfoques curriculares y de centro que integren explícitamente competencias
socioemocionales desde preescolar y promuevan climas afectivos predecibles y seguros (González &
Martínez, 2024).
El desarrollo socioemocional preescolar funciona como un factor protector para la salud mental y
como base de la preparación escolar, al vincular regulación, empatía y habilidades relacionales con
mayor participación, mejores relaciones con pares y adultos, y reducción de conductas problema. La
evidencia acumulada muestra que intervenciones sistemáticas de aprendizaje socioemocional en
educación inicial generan mejoras sostenidas en comportamiento prosocial, clima de aula y rendimiento
posterior, reforzando la necesidad de una implementación planificada y evaluable en esta etapa.
Juegos para el desarrollo psicoemocional
El juego representa un medio esencial para favorecer el desarrollo psicoemocional en la infancia, ya
que estimula de forma integral las dimensiones emocionales, cognitivas y sociales. A través de distintas
modalidades lúdicas, los niños exploran, expresan y regulan sus emociones mientras fortalecen
habilidades clave para la convivencia y el aprendizaje. Cada tipo de juego cumple un propósito
específico que contribuye al desarrollo integral, por lo que su comprensión resulta fundamental para
orientar prácticas pedagógicas efectivas y sensibles al contexto educativo (Ávila et al., 2024). A
continuación, la Figura 1 presenta los distintos tipos de juegos y su aporte al desarrollo psicoemocional.
A partir de esta clasificación, es posible analizar cada tipo de juego considerando su contribución
específica al desarrollo psicoemocional y su potencial pedagógico en contextos educativos diversos.
De este modo, se establece una base conceptual que permite comprender cómo cada modalidad
estimula de forma diferenciada habilidades emocionales, cognitivas y sociales, y cómo su integración
planificada puede fortalecer tanto el aprendizaje como la convivencia escolar. Este enfoque facilita la
selección y adaptación de estrategias lúdicas que respondan a las necesidades del desarrollo infantil y
promuevan entornos educativos más inclusivos y participativos.
En este marco, el juego de simulación o “hacer como si” cumple un rol fundamental, ya que permite
a niñas y niños representar situaciones sociales, adoptar perspectivas ajenas y ensayar respuestas
emocionales alternativas. Estas experiencias fortalecen la empatía, la toma de perspectiva y el control
de impulsos en escenarios con reglas explícitas o implícitas. Para su implementación, se sugiere definir
la situación dramatizada, acordar roles y reglas sencillas, disponer de materiales abiertos y cerrar con
una breve devolución que permita nombrar emociones y estrategias empleadas. Su estructura flexible,
con una duración de entre 15 y 25 minutos, facilita una transición progresiva desde guiones más
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modelados hacia interacciones más autónomas (Ballenilla, 2021). La evaluación formativa puede
apoyarse en listas de cotejo que registren participación, turnos, negociación y uso de vocabulario
emocional, así como en notas anecdotarias que documenten avances en autorregulación y resolución
de conflictos (Toapanta & Guanoquiza, 2024).
Figura 1
Juegos para el desarrollo psicoemocional
Las dinámicas cooperativas introducen metas compartidas que requieren coordinación,
comunicación asertiva y resolución pacífica de desacuerdos, promoviendo conductas prosociales y
fortaleciendo el sentido de pertenencia al grupo. Para su diseño, es fundamental que las tareas
impliquen una verdadera interdependencia positiva, reglas breves centradas en el respeto y el uso
equitativo de turnos, así como roles rotativos que eviten concentrar el liderazgo en pocas personas. Al
finalizar, una reflexión guiada sobre lo que funcionó y las emociones que surgieron potencia el
aprendizaje socioemocional y refuerza el trabajo en equipo. Los indicadores de logro incluyen la
frecuencia de solicitudes de ayuda, la calidad de los acuerdos alcanzados y la disminución de
conductas disruptivas durante la actividad, los cuales pueden registrarse mediante rúbricas sencillas
y observación sistemática (Chimarro et al., 2023).
Las experiencias sensoriales y expresivas, como la manipulación de arena, agua, plastilina, pintura,
música y movimiento, ofrecen canales no verbales que facilitan la modulación de la activación
fisiológica, la expresión de emociones y la práctica de la autorregulación a través de secuencias de
calma, acción y retorno a la calma. Estas dinámicas contribuyen a reducir ansiedad y estrés, al tiempo
que fortalecen la tolerancia a la frustración. Para su implementación, se recomienda graduar los
estímulos, anticipar la secuencia de actividades, enseñar estrategias de respiración o pausa y mantener
rutinas de inicio y cierre que favorezcan transiciones emocionales predecibles, con ajustes para
necesidades sensoriales específicas. La evaluación puede centrarse en el tiempo que tarda el niño en
recuperar la calma, el uso espontáneo de estrategias de autorregulación y la ampliación del vocabulario
emocional relacionado con sensaciones y estados internos (Tumbaco et al., 2025).
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El juego físico, que incluye actividades como carreras, circuitos, juegos de persecución, equilibrio y
experiencias en la naturaleza, favorece la regulación del nivel de activación, mejora el control
inhibitorio y estimula la cooperación mediante reglas sencillas, con efectos positivos tanto en el
bienestar físico como en el ajuste socioemocional. Para su implementación, se recomienda alternar
intensidades, delimitar espacios, establecer reglas claras de seguridad y realizar breves chequeos
emocionales y corporales para identificar señales de cansancio o sobreactivación. Estas prácticas
fortalecen la automonitorización y la convivencia grupal. Los registros de incidentes, la observación
del cumplimiento de reglas y la evaluación de la calidad de la interacción entre pares son indicadores
útiles para monitorear avances y ajustar progresivamente el nivel de dificultad Infancia (UNICEF,
2019).
La efectividad de las propuestas lúdicas se sustenta en cuatro principios esenciales: intencionalidad
pedagógica clara, acompañamiento adulto sensible, progresión acorde a la edad y evaluación
formativa continua. A estos se suman la consideración de la diversidad cultural, el enfoque de derechos
y las adaptaciones para la neurodiversidad, garantizando experiencias accesibles y significativas para
todos los niños. En la práctica, esto implica formular objetivos socioemocionales observables, planificar
materiales abiertos que favorezcan la autonomía infantil, prever apoyos visuales y rutinas
estructuradas, registrar evidencias breves de desempeño y brindar retroalimentación precisa con
lenguaje emocional claro, integrando además a las familias para extender el aprendizaje al hogar y
reforzar la coherencia educativa (López et al., 2024)
Los distintos tipos de juegos actúan por vías complementarias sobre la identificación, la expresión
y la regulación de emociones, la empatía y las habilidades relacionales, siempre que se diseñen con
intencionalidad, se implementen con andamiaje pertinente y se evalúen con criterios formativos que
aseguren pertinencia, accesibilidad y continuidad entre escuela y hogar.
Efectos del desarrollo psicoemocional
La evidencia acumulada muestra que el fortalecimiento sistemático del desarrollo psicoemocional en
la educación inicial produce beneficios amplios y sostenidos, con efectos directos e indirectos sobre el
ajuste escolar y el bienestar infantil. Diversos estudios señalan mejoras significativas en conductas
prosociales, actitudes positivas hacia la escuela y desempeño académico, además de una reducción en
problemas emocionales y conductuales. Estos resultados evidencian que las competencias
socioemocionales actúan como factores transversales que potencian el desarrollo integral de niñas y
niños (Torres & Robalino, 2025).
Desde una perspectiva cognitiva, los efectos se explican principalmente por la interacción entre
autorregulación afectiva y funciones ejecutivas tempranas, como la atención sostenida, la memoria de
trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva. Estos procesos optimizan la disponibilidad
atencional para el aprendizaje, favorecen la planificación de tareas y mejoran la resolución de
problemas en contextos escolares exigentes. A su vez, esta base cognitiva interactúa con la dimensión
emocional: los programas que integran identificación, etiquetado y regulación de emociones fortalecen
la autoestima, la estabilidad afectiva, la resiliencia y la tolerancia a la frustración, especialmente cuando
se desarrollan en climas de aula seguros y predecibles (Sánchez, 2023; Pascual & Conejero, 2019).
En el ámbito social, múltiples estudios constatan avances en empatía, habilidades conversacionales
y resolución pacífica de conflictos, lo que se traduce en relaciones más cooperativas, vínculos más
sólidos con pares y adultos y una reducción significativa de conductas disruptivas. Estas competencias
se potencian mediante la práctica deliberada en juegos cooperativos y de roles, complementada con
rutinas de reflexión guiada que fortalecen normas de convivencia y sentido de pertenencia. En
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términos de salud mental, las intervenciones tempranas cumplen una función preventiva, reduciendo
síntomas de ansiedad y depresión, moderando la reactividad al estrés y fortaleciendo recursos
personales y relacionales, sobre todo cuando las escuelas articulan currículo explícito, climas afectivos
seguros y participación familiar (Avilés & Fuentes, 2025).
En la esfera académica, se observan incrementos sostenidos en desempeño, asistencia y adaptación
a rutinas escolares, así como mejoras en las habilidades de autorregulación necesarias para la transición
a la educación básica. Estos resultados sugieren que el impacto académico se encuentra mediado por
el fortalecimiento de funciones ejecutivas y la regulación emocional, lo que refuerza la importancia de
integrar objetivos socioemocionales en los programas educativos (Ashqui et al., 2024). De manera más
amplia, la estimulación socioemocional temprana ejerce un efecto protector a lo largo del ciclo vital, ya
que niveles elevados de autocontrol y habilidades no cognitivas predicen mejores indicadores de
salud, logro educativo, estabilidad laboral y conductas prosociales en la adultez, incluso controlando
condiciones de origen. Su impacto depende, sin embargo, de la fidelidad de implementación, la calidad
del acompañamiento adulto, la continuidad temporal y la articulación efectiva entre escuela y familia,
variables que deben ser monitoreadas para garantizar pertinencia y equidad.
4. Resultados
La Tabla 1 presenta una síntesis comparativa de los principales tipos de juegos identificados en la
literatura revisada y su relación con el desarrollo socioemocional en la etapa preescolar. Se destacan
las competencias que cada modalidad de juego estimula, los efectos observados en la práctica
educativa y un análisis interpretativo que vincula estos hallazgos con procesos de aprendizaje y
bienestar infantil. Esta sistematización permite visualizar de forma clara y estructurada el potencial
pedagógico del juego como estrategia integral.
Tabla 1
Tipos de juegos, competencias estimuladas, efectos observados y análisis interpretativo
Tipo de
juego
Competencias
socioemocionale
s estimuladas
Principales efectos
observados
Análisis e interpretación
Evidencia
académica
Simbólico o
de roles
Empatía, toma de
perspectiva, au-
torregulación
emocional.
Mejora en la compren-
sión emocional, desa-
rrollo del lenguaje afec-
tivo y habilidades so-
ciales básicas.
Al permitir la representación
simbólica de situaciones reales;
estos juegos favorecen la identi-
ficación emocional, la regula-
ción afectiva y la construcción
de un autoconcepto positivo.
Requieren mediación adulta
sensible para maximizar su im-
pacto.
(Lucas &
Agramonte
2024; Monar
et al., 2025).
Cooperativo Habilidades so-
ciales, coopera-
ción, negociación.
Incremento de la cola-
mayor resolución pací-
fica de conflictos y for-
talecimiento del sen-
tido de pertenencia.
Favorecen la interacción recí-
proca y la participación activa.
Su uso sistemático mejora el
clima socioemocional y reduce
conductas disruptivas, fortale-
ciendo la convivencia democrá-
tica desde edades tempranas.
Moyano,
(2024); Vela,
(2025).
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Sensorial y
artístico
Autorregulación
emocional, expre-
sión emocional.
Disminución de ansie-
dad y estrés, mejora de
la tolerancia a la frus-
vocabulario emocional.
Activan canales no verbales de
expresión afectiva y ayudan a
modular la activación fisioló-
gica. Son ideales para interven-
ciones preventivas y terapéuti-
cas tempranas, especialmente
en entornos escolares con alta
diversidad emocional y conduc-
tual.
Lucas &
Agramonte,
(2024).
Motores y al
aire libre
Control inhibito-
rio, regulación
emocional, habili-
dades sociales.
Aumento de la estabili-
dad emocional, fortale-
cimiento de la convi-
cooperación y disposi-
ción para el aprendi-
zaje.
Generan regulación emocional a
través del movimiento y la
descarga emocional adaptativa.
Además, favorecen la cohesión
grupal y actitudes prosociales,
convirtiéndose en estrategias
transversales de alto impacto y
bajo costo en la educación inicial.
Vela, (2025);
Moyano,
(2024).
Estructurados
terapéuticos
Autorregulación
específica, afron-
tamiento emocio-
nal.
Disminución de sínto-
desadaptativos, desa-
rrollo de estrategias de
afrontamiento, au-
mento de la resiliencia.
Estos juegos permiten trabajar
emociones específicas como an-
siedad, miedo o frustración de
forma dirigida y gradual. Su
efectividad aumenta cuando se
integran a estrategias de psi-
coeducación emocional con
acompañamiento docente o fa-
miliar estructurado.
Lucas &
Agramonte,
(2024);
Vela,
(2025).
Nota. Elaboración propia a partir del análisis de los tipos de juegos, las competencias que estimulan, los efectos observados y su interpretación.
5. Discusión
El desarrollo socioemocional en la infancia temprana constituye un eje fundamental para la formación
integral y la preparación escolar, al articular dimensiones emocionales, cognitivas y sociales que
sostienen la adquisición de habilidades para la convivencia y el aprendizaje. Dentro de este marco, el
juego emerge como una herramienta pedagógica estratégica, capaz de integrar regulación emocional,
interacción social y construcción de normas compartidas. Su valor radica no solo en su carácter
motivador y accesible, sino también en su potencial para generar aprendizajes transferibles a contextos
formales e informales de socialización, consolidando competencias esenciales desde la etapa preescolar
(Reig & Jauli, 2010; Higueras & Molina, 2020).
Los resultados sintetizados en la Tabla 1 evidencian con claridad el papel de los juegos motores
como un dispositivo pedagógico de alto impacto para el desarrollo socioemocional durante la etapa
preescolar. La literatura analizada muestra efectos concurrentes en autorregulación afectiva, control
inhibitorio, cooperación entre pares y disposición para el aprendizaje, lo que se traduce en mayor
estabilidad emocional, cohesión grupal y participación activa en el aula (Moyano, 2024); Vela, 2025).
Estos hallazgos se articulan con perspectivas teóricas que conciben el juego como mediador entre la
regulación fisiológica y la emergencia de funciones ejecutivas tempranas, fundamentales para la
adaptación escolar y la construcción de normas de convivencia. Además, la evidencia específica sobre
juegos motores y al aire libre sugiere una transferencia amplia de aprendizajes socioemocionales, como
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el respeto de turnos, la adhesión a reglas y la negociación, hacia situaciones cotidianas del aula,
fortaleciendo la idea de que la práctica motriz intencional constituye una infraestructura emocional de
base sobre la cual se apoyan otros logros de socialización y desempeño académico inicial (Lucas &
Agramonte, 2024).
El contraste con otras modalidades lúdicas permite matizar el alcance y delimitar el aporte
diferencial de los juegos motores. Mientras el juego simbólico potencia la toma de perspectiva y el
lenguaje emocional, y las experiencias sensoriales y artísticas favorecen la modulación de la activación
y la expresión afectiva, los juegos motores articulan regulación corporal, reglas sociales y metas
compartidas en entornos inclusivos y de bajo costo. Este carácter integrador explica su relevancia como
estrategia transversal de promoción socioemocional en contextos educativos heterogéneos (Lucas&
Agramonte, 2024). Dichos efectos se amplifican cuando las prácticas se implementan con
intencionalidad pedagógica explícita, andamiaje adulto sensible, progresión acorde a la edad y
evaluación formativa sistemática. A su vez, factores contextuales como desigualdad, estrés familiar y
disponibilidad de espacios operan como moderadores que pueden potenciar o restringir los
resultados, lo que demanda adaptaciones pedagógicas cultural y ecológicamente pertinentes (Avilés
& Fuentes, 2025; Ávila et al. 2024).
Desde un enfoque ecológico y de derechos, estos hallazgos adquieren mayor relevancia al
considerar que el desarrollo socioemocional en la infancia no depende únicamente de variables
individuales, sino de la interacción constante entre factores personales, escolares, familiares y
comunitarios. Los juegos motores, al integrar regulación emocional, cooperación y acción compartida,
se constituyen en un puente entre estos sistemas, ofreciendo oportunidades de aprendizaje equitativas
y accesibles, especialmente en contextos educativos con recursos limitados (González & Martínez,
2024; Arteaga et al., 2025). Su incorporación sistemática dentro de la práctica docente no solo promueve
competencias socioemocionales esenciales, sino que también fortalece climas escolares seguros,
participativos y afectivamente predecibles, condiciones fundamentales para el bienestar infantil.
La evidencia revisada permite afirmar que los juegos motores trascienden su función recreativa para
posicionarse como un eje articulador en la formación socioemocional temprana. Su impacto positivo
sobre la autorregulación, la convivencia y la disposición al aprendizaje demuestra que constituyen una
herramienta pedagógica efectiva y de alta transferibilidad. Cuando se integran de manera planificada
con otras modalidades lúdicas, acompañamiento docente reflexivo y participación familiar, generan
entornos educativos más inclusivos y resilientes. Por ello, su implementación estratégica en el currículo
de educación inicial representa una vía sólida para fortalecer trayectorias de aprendizaje estables,
equitativas y emocionalmente sostenibles (Carrasco et al. 2024; Lucas & Agramonte, 2024; Gélvez, 2024).
6. Conclusiones
Los resultados permiten concluir que los juegos motores constituyen un eje pedagógico fundamental
para el fortalecimiento del desarrollo socioemocional durante la etapa preescolar. Su práctica
sistemática favorece la autorregulación emocional, el control inhibitorio y la cooperación entre pares,
contribuyendo a la construcción de climas escolares más estables, predecibles y emocionalmente
seguros.
La evidencia analizada demuestra que los aprendizajes adquiridos mediante la interacción motriz
trascienden el espacio lúdico, transfiriéndose a situaciones cotidianas de aula. Esta transferencia
fortalece la participación activa, la convivencia democrática y la consolidación de habilidades
relacionales esenciales para la adaptación escolar y el bienestar infantil.
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A diferencia de otras modalidades lúdicas, los juegos motores integran regulación emocional,
interacción social y metas compartidas en entornos inclusivos y de bajo costo, lo que refuerza su
pertinencia pedagógica en contextos educativos heterogéneos. Su flexibilidad de implementación los
posiciona como una estrategia eficaz y sostenible para promover aprendizajes socioemocionales
significativos.
La efectividad de los juegos motores se amplifica cuando se articulan con una intencionalidad
pedagógica explícita, un acompañamiento adulto sensible y una evaluación formativa continua. Su
impacto depende, además, de factores contextuales como la participación familiar, la disponibilidad
de espacios y la coordinación entre agentes educativos, lo que reafirma la necesidad de abordarlos
desde un enfoque ecológico y de derechos que asegure pertinencia, equidad y sostenibilidad en su
implementación.
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Transparencia
Conflicto de interés
Los autores declaran que no existen conflictos de interés de naturaleza alguna como parte de la
presente investigación.
Fuente de financiamiento
Los autores financiaron completamente la investigación.
Contribución de autoría
Evelyn Mishell Poma Hernández: Conceptualización, metodología, validación, análisis formal,
investigación, gestión de datos, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción
- revisión y edición, financiamiento, administración del proyecto, recursos, supervisión.
Dina Lucia Chicaiza Sinchi: Conceptualización, metodología, validación, análisis formal,
investigación, gestión de datos, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción
- revisión y edición, financiamiento, recursos.
Ramón Fernando Bayas Machado: Conceptualización, software, validación, análisis formal,
investigación, gestión de datos, visualización, redacción - preparación del borrador original, redacción
- revisión y edición, financiamiento.
Los autores contribuyeron activamente en el análisis de los resultados, revisión y aprobación del
manuscrito final.