Wendy Anabel Carvajal Vaca, Sandra Iveth Huilcapi Peñafiel 125
IE mediante 24 ítems, distribuidos en tres dimensiones de ocho ítems cada una: Atención emocional
(ítems 1–8), Claridad emocional (ítems 9–16) y Reparación emocional (ítems 17–24).
Para cada enunciado se ofrecieron cinco opciones de respuesta: “Nada de acuerdo”, “Algo de
acuerdo”, “Bastante de acuerdo”, “Muy de acuerdo” y “Totalmente de acuerdo” puntuadas del 1 al 5,
respectivamente. Una vez tabulados individualmente los valores de cada ítem, se sumaron las
puntuaciones de los ocho enunciados correspondientes a cada dimensión, y se obtuvo así un puntaje
global por componente.
La segunda sección evaluó los estilos de toma de decisiones mediante 20 ítems, cada uno diseñado
para reflejar una forma de actuar ante situaciones específicas de decisión. Las opciones de respuesta
estaban asociadas a seis estilos distintos: “Papá Crítico (PC)”, “Papá Nutritivo (PN)”, “Adulto (A)”,
“Niño Libre (NL)”, “Niño Sumiso (NS)” y “Niño Rebelde (NR)”. Para facilitar la tabulación, a cada
estilo se le asignó un valor numérico de 1 a 6. Una vez recogidas las respuestas, se contabilizó la
frecuencia con la que cada participante seleccionó las alternativas correspondientes a cada estilo,
sumando dichos valores para obtener un puntaje total por estilo de toma de decisiones.
Para analizar la relación entre IE y toma de decisiones se empleó la prueba de correlación de
Spearman, una técnica no paramétrica especialmente adecuada para datos ordinales como los
obtenidos mediante escalas tipo Likert que no exige el cumplimiento del supuesto de normalidad. Esta
prueba evaluó si existe una asociación monótona y estadísticamente significativa entre los niveles de
IE y los distintos estados del yo en la toma de decisiones. La confidencialidad de los datos fue
rigurosamente resguardada: se garantizó el anonimato de los participantes y se reportaron
exclusivamente los resultados estadísticos.
3. Resultados
En la tabla 1 se evidencia que los funcionarios bajo estudio presentan niveles heterogéneos de IE,
conforme a las tres dimensiones evaluadas por la TMMS-24: atención, claridad y reparación emocional.
En la dimensión de atención emocional, más del 50 % de los evaluados muestran una atención
adecuada a sus sentimientos, lo que indica una conciencia funcional sobre sus estados emocionales.
Sin embargo, se observa que aproximadamente un tercio presta poca atención o, por el contrario,
demasiada atención a sus emociones, lo que podría generar dificultades tanto por falta de conciencia
como por exceso de introspección emocional.
En cuanto a la claridad emocional, la mayoría presenta una comprensión adecuada de sus
emociones, aunque cerca de un tercio refleja una comprensión deficiente, lo cual podría traducirse en
una escasa capacidad para identificar, nombrar y entender lo que sienten. En la dimensión de
reparación emocional, los resultados son más críticos, ya que alrededor del 33 % de los evaluados
tienen dificultades para regular adecuadamente sus emociones, reflejando una debilidad significativa
en su inteligencia emocional global. Esto puede repercutir en su desempeño laboral, especialmente en
contextos de presión o conflicto.
Por otro lado, al evaluar los estilos de toma de decisiones a través de los estados del Yo (PC, PN, A,
NL, NAS, NAR), se encontró que el estilo predominante en la mayoría de los funcionarios es el Niño
Adaptado Rebelde (NAR), representando el 57 % de los casos. Este estilo se caracteriza por decisiones
impulsivas, desafiantes y reactivas, lo cual podría derivar en respuestas poco planificadas o
conflictivas dentro del entorno institucional. Le siguen, en menor proporción, los estilos Adulto (A) y
Padre Nutritivo (PN), que indican una tendencia hacia decisiones racionales y empáticas,
respectivamente. Solo un caso reporta predominancia del estilo Niño Libre (NL), asociado con