
Vol. 4 N° 1, enero-junio 2025 (420-433)
Silvia Sayonara Flores Zambonino 421
1. Introducción
En Ecuador, tras el devastador terremoto de 2016 se implementaron diversos proyectos de vivienda
como respuesta a la emergencia. Esta tragedia dejó valiosas lecciones sobre los sistemas constructivos
y la necesidad de establecer condiciones que reduzcan la vulnerabilidad de quienes habitan en zonas
de alta incidencia sísmica (Van Druben et al., 2015).
Desde entonces, han emergido otras variables a medida que las viviendas se habitaron, y es el
confort térmico una de las más relevantes, con percepciones concluyentes por parte de los residentes.
Existe una marcada preferencia por las viviendas construidas con bambú, puesto que, según sus
habitantes, son más frescas. Por ello, esta investigación realiza un análisis comparativo del confort
térmico en viviendas de bambú y de bloque, considerando que estas construcciones perduran en el
territorio más allá del impacto inmediato de los desastres naturales, integrándose al tejido urbano y
afectando la calidad de vida de sus ocupantes (Vanga et al., 2019).
El confort térmico se define como el estado mental que refleja la satisfacción con el ambiente térmico,
de acuerdo con el estándar ASHRAE 55. El control de la temperatura en los elementos arquitectónicos
no es suficiente si no se consideran otros factores que afectan la calidad del ambiente térmico, tenidos
en cuenta tanto en el diseño de los sistemas de acondicionamiento activo como en la propia
construcción del elemento arquitectónico (ASHRAE, 2025).
Otro factor clave para el confort térmico es la percepción del individuo en el espacio. En el libro
Arquitectura y Energía Natural (Serra & Coch, 2001) se explica que el proceso perceptivo del cuerpo en
el espacio tiene dimensiones físicas, fisiológicas y psicológicas. A nivel físico, los fenómenos
ambientales que deben considerarse incluyen radiaciones electromagnéticas, calor, aire, vibraciones y
sonido. El cuerpo intercambia continuamente energía con su entorno, regulada mediante un
mecanismo conocido como homeostasis. Todos los animales de sangre caliente buscan mantener una
temperatura interna constante, independientemente de las fluctuaciones externas, regulando la
pérdida de calor. Este mecanismo permite que la temperatura corporal se equilibre.
En ciertos casos, el cuerpo humano elimina el calor por convección y radiación en proporciones
iguales. Esto ocurre cuando la velocidad relativa del aire es inferior a 0,2 m/s, común durante
actividades sedentarias, o cuando la diferencia entre la temperatura del aire y la temperatura radiante
media es menor a 4°C. En estas condiciones, se puede aplicar la media aritmética de la temperatura
del aire y la temperatura radiante (Lara, 2001). Para efectos de esta investigación, se tomó como
velocidad del viento inferior a 0,2 m/s, ya que las fachadas laterales izquierdas se encuentran
obstaculizadas por otras viviendas.
Por otro lado, existen diversas aproximaciones para el diseño de arquitectura bioclimática. Desde
una perspectiva geográfica, esta disciplina aprovecha recursos ambientales como la radiación solar, la
orientación, las precipitaciones anuales y los vientos favorables. A menor escala, también considera los
elementos inmediatos al entorno de la edificación, como la vegetación y las fuentes de agua. Estas
consideraciones contribuyen significativamente a la sostenibilidad ambiental (Garzón, 2021).
En este sentido, el autor de Arquitectura y Clima (Olgyay, 2016) destaca los principios arquitectónicos
que influyen en el microclima de un elemento construido: elección del emplazamiento, orientación
solar y de los vientos, control solar, forma y disposición de las edificaciones, efectos del viento, modelos
de flujo del aire y efectos térmicos de los materiales. Uno de los logros más importantes de este autor
es la introducción del gráfico de confort, también conocido como la gráfica o ábaco bioclimático.